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martes, 20 de julio de 2021

Literatura que trata la creatividad y los trastornos mentales. Ivette Durán Calderón

 

Con frecuencia se habla de la esquizofrenia, la depresión, el trastorno

bipolar o de los sicópatas. Pese a ser temas recurrentes, resulta difícil, sino complicado describirlas, ya que a cada persona afecta o impresiona de manera diferente, ya sea porque las sufren o porque conviven con alguien que las padece.

La sociedad actúa de manera cruel o indiferente, ya que los aglutina a todos en una misma categoría: enfermos mentales.

El tema es complejo y sensible, tanto que ya es motivo de preocupación de las entidades pertinentes, tal es el caso de La Organización Mundial de la Salud, la cual lleva años advirtiendo del brutal impacto de las enfermedades mentales.

Por otro lado, y de manera paralela, la creatividad literaria es la que da vida y personalidad propia a los personajes, transmiten realismo al representar lo que viven dentro de una historia. Resumiendo: la creatividad es la que crea situaciones, características y personalidad logrando que el lector se refleje o desee ser parte de la obra o, incluso, busque en ella una forma de ver y enfrentar su propia vida. El lector se siente parte de la trama, sufre, ama, se divierte, ríe llora y siente compasión, rabia, dolor, mezcla de sentimientos.

 

Tes Nehuén de manera amena y objetiva, no ofrece esta interesante selección de libros cuyos autores contemporáneos nos invitan a reflexionar.

Un tema que me fascina desde hace muchos años es la relación entre dificultades emocionales para enfrentarse a la vida y el surgimiento de la creatividad. Todos sabemos que la mayoría de los genios de la historia del arte atravesaron situaciones emocionales delicadas, muchos de ellos fueron tildados de locos y privados de su libertad, y aun así escribieron, pintaron, compusieron música. Evidentemente, existe una estrecha relación entre las dificultades para vivir y el surgimiento del arte. En el mundo de la literatura, existen muchísimos nombres surgidos de esa rotura.


Las crías cantaron el hambre
Abel Azcona

Es la primera publicación recopilatorio de poesía. Las crías cantaron al hambre se escribe a modo de homenaje, reescritura y reinterpretación íntima de la obra poética de Leopoldo María Panero.

Este libro no trabaja el tema de las dolencias mentales directamente, pero se encuentra atravesado por ellas. Azcona nos brinda un poemario que escarba en la miseria del abandono infantil, que se enfrenta con dientes a una sociedad que lucha contra el aborto sin ponerse a meditar en lo más importantes: esos niños obligados a nacer, ¿qué tipo de vida tienen? ¿De qué manera sobreviven a la idea de no haber sido deseados por sus progenitores? Es un poemario impresionante, con un estilo propio que se lee con la voz quebrada pero la rabia en lugar de apagarla la eleva, la vuelve contra el mundo.

El abandono, la pedofilia en la iglesia, la forma en que la soledad del niño huérfano no afecta a la sociedad, la vulnerabilidad, todo eso está en este libro. Pero hay más, Azcona realiza un cruce fabuloso entre su poética y la de María Panero, lo que le otorga a su voz una hondura imposible. Un libro que nadie debería dejar de leer.

Panero y la antipsiatría Albert Kadmon

He recomendado muchísimo Panero y la antipsiquiatría, de Albert Kadmon (Antipersona), porque lo he


leído varias veces y me parece un libro extraordinario. Inmenso en su brevedad y asombroso en su sensibilidad. A través de una exploración biográfica en la figura de Leopoldo María Panero, Kadmon indaga en torno a los invisibles hilos que sostienen la medicina clínica y los peligros que atañen a ese mundo en el que se confía con total entrega.

Lo que encontramos en este libro es un repaso sobre los hechos más importantes en la historia de la antipsiquiatría y una interesante indagación en el trabajo poético de uno de los poetas más increíbles de la literatura española. Sin lugar a dudas es una lectura que seguiré recomendando y que te invito con ganas a leer si te interesa el tema de la locura y la creatividad.


La canción de NOF4
Raúl Quinto

Una de las lecturas de este año ha sido este libro fabuloso de Raúl Quinto, La canción de NOF4 (Jekyll & Jill). Podría pensarse como una biografía del poeta Nannetti, pero es mucho más. Es un libro amplio en el que caben datos históricos, exploración de la memoria en la historia de la salud mental y también elementos casi góticos, de terror psicológico, y por supuesto, reflexiones sobre creación y locura.

Lo más sorprendente de este libro es que tiene un tono que emana sensibilidad. Nos habla de la soledad de Nannetti, de su intento por sujetarse a algo que diera sentido a su cuerpo, a su estar en esta tierra, y ahí aparece el lenguaje, como una posibilidad, como un camino de búsqueda interior y universo íntimo en el que refugiarse. Es un libro verdaderamente extraordinario, que te va encantar y que te permitirá atar cabos en torno a esa estrecha y antiquísima relación entre locura y escritura.

La isla de las mariposas  Blanca Ansoleaga

Una novela preciosa sobre el viaje artístico a través de las peripecias del sentimiento es La isla de las


mariposas de Blanca Ansoleaga. En ella conocemos a Julia, una cantante de ópera que ha sido retirada del ejercicio de su profesión y recluida en un hospital psiquiátrico.

Una cosa muy interesante es que se presenta como una novela de remembranza. Julia va viajando a través de los sucesos de toda su vida y trata de reorganizar los diversos planos de su memoria, asociando hechos, colores, personas. La locura es el gran tema, el que vertebra toda la historia. Un desequilibrio que ha sido alimentado por la traición de las personas que más amaba. Un libro maravilloso, para experimentar los reveses de la vida y comprender el modo en que nuestra mente intenta protegernos de lo que más miedo nos genera.


El baile
Irene Nemirovsky

Si bien El baile no cumple con el estereotipo de novela sobre personajes desequilibrados, ofrece una lectura que nos permite acercarnos a esta reflexión. Antoniette es una joven de familia aristocrática que, teniéndolo todo, le falta lo único que realmente puede ayudarla a convertirse en alguien satisfecho, el aprecio de su madre. Esta herida mortal en su más tierna infancia la van empujando a un territorio de espinas y a una actitud de hiena feroz que le impiden relacionarse con el mundo de la manera en la que a ella le gustaría (o le convendría).

A través de esta lectura nos internamos en el corazón de un personaje brutal, lleno de conflictos interiores, pero también de anhelos. Y en esa posibilidad, donde lo monstruoso colinda con lo bello, la locura emerge como una forma de canalizar el dolor o de sostenerse frente a un mundo hostil. ¡Otra novela increíble de la grandísima Nemirovski!

Fuente: https://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/libros-sobre-creatividad

 


viernes, 29 de mayo de 2020

Elena Poniatowska, la gran dama de las letras de México © Ivette Durán Calderón



©Ivette Durán Calderón


Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, nació en París, Francia, un 19 de mayo de 1932.

 
Periodista, investigadora y autora de innumerables obras y artículos. Casada con el astrónomo Emmanuel Haro, de cuyo matrimonio tuvo tres hijos:
Emmanuel (1955), Felipe (1968), y Paula (1970). Se divorciaron en 1981, su ex esposo falleció en 1988.  

Muchas veces galardonada, su mayor gloria literaria por ahora es haber sido merecedora del “Premio Miguel de Cervantes” el año 2013. México es su patria putativa de la cual se honra en representar.

Esta mujer registrada con seis nombres, eligió el primero, Elena (en español) para darse a conocer y firmar sus escritos.

Reconocida periodista y autora mexicana nacida en Francia. Políglota (español, inglés y francés) especializada en trabajos sobre temas sociales y políticos centrados en aquellos considerados privados de sus derechos, en especial mujeres y gente de escasos recursos.

Si bien nació en su familia emigró a México durante la Revolución Mexicana, escapando de la Segunda Guerra Mundial. Elena, tenía entonces diez años de edad. Con dieciocho años y sin educación universitaria, comenzó a escribir para el periódico Excélsior en las columnas de sociedad. Pese a la postergación de los derechos de las mujeres (entre 1950 a 1970) escribió sobre temas sociales y políticos en periódicos. Incursionó asimismo, en libros de ficción y no ficción.

Su obra consagrada es “La noche de Tlatelolco” la cual versa sobre la
represión de las protestas estudiantiles de 1968 en la Ciudad de México. Pese a haber renunciado al título de Princesa de Polonia heredado de la familia real de su padre, le apodaron "La Princesa Roja" debido a su tendencia ideológica izquierdista.

Fue criada en Francia por un abuelo que era escritor y una abuela que le mostraba fotos sobre México, incluidas fotografías en National Geographic que representaban a africanos, diciendo que eran indígenas mexicanos, y asustándola a ella y a sus hermanos con historias sobre canibalismo. Inició su formación en Francia en Vouvray en el Loira. Al arribar a México, retomó su educación en el Liceo Franco-Mexicano, luego en el Eden Hall y la escuela secundaria en el Sacred Heart Covent. En México aprendió a escribir y adquirió su propio estilo periodístico, de ese modo prestó sus servicios en el periódico Excelsior. No obtuvo formación académica universitaria.


La relación con su madre fue muy cercana, aunque no estaba contenta de que su hija fuera etiquetada como "comunista" y se mantuvo reacia a leer la novela que escribió sobre la activista política Tina Modotti, "Tinísima".


Actualmente Poniatowska lleva una vida apacible, acude al gimnasio con
regularidad, disfruta de los quehaceres domésticos y administra los pagos de servicios básicos. Escribe desde su casa, en inmediaciones de Chimalistac , una colonia del sur de la Ciudad de México correspondiente a la Alcaldía Álvaro Obregón. Chimalistac está formado, por un pueblo —de origen prehispánico— y un fraccionamiento de finales del siglo XIX, establelcido en los terrenos de lo que fue la huerta del colegio Carmelita de San ángel. La casa acondicionada con buen gusto, está atiborrada de libros y fotografías familiares y sociales. 

También cuenta con hermosas pinturas de Francisco Toledo, es decir, Francisco Benjamín López Toledo, artista plástico mexicano de orígenes zapotecas que también tuvo una destacada labor como activista de izquierda.

Poniatowska ha publicado novelas, libros de no ficción, ensayos periodísticos y muchos adelantos y prólogos de libros sobre artistas mexicanos. Gran parte de su escritura se ha centrado en temas sociales y de derechos humanos, en especial todo lo relacionado con las mujeres y los pobres.

Comenzó su carrera como escritora en 1953 a los 21 años de edad, al
principio publicó bajo su nombre francés de Hélene, a veces usaba los nombres —a modo de seudónimo—, de Elena o Anel. Su primer libro publicado en 1954, fue Lilus Kilus (cuya historia trata de la mayoría de edad de las mujeres mexicanas antes del feminismo. Se enfoca en una niña curiosa, moldeada cuidadosamente por la sociedad para convertirla en una novia obediente).

Desde entonces dio rienda suelta a una carrera matizada de periodismo y escritura creativa. Destacó por ser la sutil voz en una sociedad patriarcal, pese a que se la llamaba "Elenita" (pequeña Elena), y pese también a que su trabajo se descartaba con relativa frecuencia por ser consideradas entrevistas ingenuas y literatura "infantil”.

El trabajo más influyente de Poniatowska fueron las "narraciones testimoniales", escritos basados ​​tanto en hechos históricos como en relatos de personas que normalmente no son registradas por los medios de comunicación. 

Ella comenzó a escribir sobre temas sociales después de una visita a Lecumberri (una antigua prisión famosa), para entrevistar a varios trabajadores ferroviarios encarcelados declarados en huelga. Entrevistó al Subcomandante Marcos en 1994.

Gran parte de este trabajo ha sido compilado en siete volúmenes, incluyendo Todo México (1991–1999), Domingo siete (1982) y Palabras cruzadas (1961). Su libro más conocido de este tipo es La noche de Tlatelolco, que contiene los testimonios de las víctimas de la masacre de estudiantes de 1968 en la Ciudad de México.

Se la reconoce como una de las fundadoras del periódico La Jornada, Fem, una revista de corte feminista, Siglo XXI, una editorial y la Cineteca Nacional, el instituto nacional de cine.

Sus obras han sido traducidas al inglés, polaco, francés, danés y alemán, a
partir de la década de 1990. Escribió una obra llamada Meles y Teleo: apuntes para una comedia y la novela De noche vienes  ("You Come by Night") la cual fue adaptada al cine en 1997, dirigida por Arturo Rispstein protagonizada por María Rojo y Tito Vasconcelos. 

También ha publicado biografías del premio Nobel Octavio Paz y del artista Juan Soriano.


Incomprensiblemente, pese a ser reconocida como la "gran dama" de las letras de México, no ha obtenido el reconocimiento mundial, tal como ocurrió con otros autores prolíficos latinoamericanos de su generación. Tampoco integra oficialmente la élite de México, no ha recibido nombramientos diplomáticos, como es el caso de Carlos Fuentes, quien comentó al respecto, que Elena se encontraba demasiado ocupada en los barrios bajos de la ciudad o comprando víveres. Aunque ella admite que tales comentarios se dicen en broma, afirma con cierta nostalgia que siente que la consideran más una sirvienta, una cocinera o incluso un conserje en la "gran casa de la literatura mexicana".

Por más de treinta años, Elena Poniatowska ha impartido un taller semanal de
escritura, con el objetivo de influir en una generación renovada de escritores mexicanos, incluidos Silvia Molina y Rosa Nissán. Siente que alcalnzó su objetivo.

Sin duda la valoración crítica de su obran coincide en afirmar que aquella es un cruce entre ficción literaria y construcción histórica. Comenzó a crecer en la década de 1960 y maduró en la década de 1970, al dedicarse a producir obras en solidaridad político social.

Aunque prefiere la escritura creativa, sus escritos creativos son meditaciones filosóficas y evaluaciones de la sociedad y los marginados dentro de ella.

Su estilo es libre y coloquial, carente de solemnidad. No es una escritora imparcial, ya que actúa como defensora de aquellos que siente que no tienen voz.

Destaca una declaración que hizo al periódico La Jornada, manifestando que
el movimiento estudiantil de 1968 dejó una profunda huella en su vida causando que su conciencia cambiara cuando los estudiantes fueron asesinados por su propia policía. Fue la motivación para escribir con el propósito de cambiar a México. 

Visitó a presos políticos y otros detenidos en la cárcel, especialmente huelguistas y estudiantes protestantes de 1968. Según una biografía cuya edición en inglés fue nominada al Premio Pulitzer, su casa estuvo vigilada las 24 horas. Fue arrestada dos veces (la primera fue detenida por doce horas y la segunda, por dos), cuando espectaba las manifestaciones. Por razones personales, ella nunca ha escrito ni habla al respecto.

Involucrada en las causas de sus protagonistas —generalmente mujeres—, también se puede incluir a los trabajadores agrícolas, indígenas, y zapatistas en Chiapas en la década de 1990. Se considera feminista y observa los movimientos civiles con simpatía y entusiasmo. Ha rechazado ofertas políticas, aunque se involucró en la campaña presidencial de 2005 de Andrés Manuel López Obrador. Escribió sobre la ocupación de siete semanas del Zócalo que siguió a la pérdida de López Obrador en 2006. Culpó a los empresarios de México y a los Estados Unidos por su pérdida, así como a la ingenuidad del entonces candidato perdedor.

Sus principales trabajos de investigación incluyen La noche de Tlatelolco
(Masacre en México) (1971). Fuerte es el silencio (Strong is Silence) (1975) y Nada nadie. Las voces del temblor (Las voces del terremoto) (1988). Con relación a su libro sobre Tlatelolco, cuenta que se enteró de la masacre, la noche del 2 de octubre de 1968, cuando su hijo tenía sólo cuatro meses. Después, Poniatowska salió a las calles del vecindario y comenzó a entrevistar a personas mientras todavía había sangre en las calles y zapatos esparcidos, asimismo se cruzó con madres buscando a sus hijos que no habían regresado a casa.

El libro contiene entrevistas con informantes, testigos oculares, ex prisioneros que se entremezclan con poemas de Octavio Paz y Rosario Castellanos, extractos de textos y periódicos prehispánicos, así como lemas políticos. Masacre en México fue el único libro publicado sobre el tema durante veinte años, contradiciendo la cuenta del gobierno de los eventos y el número de muertos. El gobierno le ofreció el Premio Xavier Villaurrutia en 1970 por el trabajo, pero ella lo rechazó.

Similar misión se fijó después del terremoto de 1985 en la
Ciudad de México. Su libro sobre este evento Nada, Nadie, las voces del temblor fue una recopilación de relatos de testigos oculares no sólo de la destrucción del terremoto, sino también de la incompetencia y corrupción del gobierno posterior. Fue considerado como una denuncia social. 

Fuerte es el silencio trata sobre varios temas, especialmente las familias de prisioneros políticos desaparecidos, los líderes de los movimientos de trabajadores, otra mirada a la masacre en Tlatelolco y otros que han desafiado al gobierno.

Tinísima es una biografía ficticia de la fotógrafa y activista política italiana Tina Modotti. Querido Diego, te abraza Quiela, es una recreación epistolar de la relación de Diego Rivera con su primera esposa, la pintora rusa Angelina Beloff con el objetivo de "descon iconizarlo".

Hasta no verte Jesús mío, de 1969, cuenta la historia de Jesusa Palancares, una pobre mujer que luchó en la Revolución mexicana y que luego se convirtió en lavandera en la Ciudad de México.  Basado en entrevistas realizadas con la mujer que fue modelo para el personaje principal durante un período de unos diez años, este libro se considera un gran avance en la literatura testimonial.

Las Soldaderas: Mujeres de la Revolución Mexicana trata sobre las mujeres
que estaban en combate acompañadas de fotografías de la época.

Las siete cabritas (Las siete cabras pequeñas) son aproximadamente siete mujeres en la sociedad mexicana del siglo XX, de las cuales solo una es conocida, Frida Kahlo. Los otros son Pita Amor, Nahui Olín, María Izquierdo, Elena Garro, Rosario Castellanos y Nellie Campobello.

La piel del cielo (The Skin of the Sky) proporciona descripciones conmovedoras de varias regiones de México, así como el funcionamiento interno de la política y el gobierno.

Primer premio de literatura en 1971 para la novela Hasta no verte Jesús mío. Recibió este premio nuevamente en 1992 con su novela Tinísima.

Fue nominada para el codiciado Premio Villaurrutia en la década de 1970, pero lo rechazó diciendo al presidente mexicano: "¿Quién otorgará un premio a los que cayeron en Tlatelolco en 1968?"

En 1979, ella fue en México, la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Periodismo por su contribución a la difusión de la expresión cultural y político mexicano.

En 2000, las naciones de Colombia y Chile otorgaron a Poniatowska sus más altos galardones de escritura.

En 2001, recibió el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares en 2001, así como el premio anual a la mejor novela de la editorial española Alfaguara, Premio de Novela Alfaguara por su novela La piel del cielo.

La International Women's Media Foundation le otorgó el Lifetime Achievement Award en 2006, en reconocimiento por su trabajo.También ganó el Premio Rómulo Gallegos en 2007 con su libro El Tren pasa primero. En el mismo año, recibió el Premio Iberoamericano por el gobierno del alcalde de la Ciudad de México.

Ha recibido doctorados honorarios de la Universidad Nacional de México UNAM, la universidad estatal de Sinaloa, la Universidad Autónoma de Sinaloa (1979), la Nueva Escuela de Investigación Social en la ciudad de Nueva York (1994), la Universidad Autónoma Metropolitana de México (2000) y el Universidad de Puerto Rico (2010).

Otros premios incluyen la Biblioteca Breve (Biblioteca Breve) para la novela
Leonora, premios del Club de Periodistas; Premio de Periodismo Manuel Buendía y el Premio Radio UNAM por su libro de entrevistas con autores mexicanos titulado Palabras Cruzadas. 

Fue seleccionada para recibir el Premio Literario Nacional de México, pero lo rechazó e insistió en que debería ir a Elena Garro, aunque ninguna de las mujeres finalmente lo recibió.

Recibiendo el Premio Cervantes
En 2013, ganó el Premio Cervantes de España, el mayor premio literario en español existente por las obras de toda una vida de autor, convirtiéndose en la cuarta mujer en recibir dicho reconocimiento, después de Maria Zambrano (1988), Dulce Maria Loynaz (1992) y Ana Maria Matute (2010). Elena Poniatowska recibió el Premio Cervantes por su "brillante trayectoria literaria en diversos géneros, su estilo especial en la narrativa y su dedicación ejemplar al periodismo, su trabajo sobresaliente y su firme compromiso con la historia contemporánea".

Para corregir el registro de la historia, sobre la muerte de su hermano Jan Poniatowski Amor, ella aclara que Jan murió en un trágico accidente automovilístico y no en la insurrección de Tlatelolco Elena dedicó su libro a la memoria de su hermano, sin ninguna intención.

Celebrando su cumpleaños 88
En reciente entrevista grabada 
y transmitida en Facebook (https://www.facebook.com/CulturaUANL/) y YouTube de Cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon, Poniatowska se refirió a la gente —como sus vecinos—, que tienen una casa y nunca les va mal o quizá tienen desgracias personales, pero nunca son carne de cañón para una matanza, un robo o una pandemia como la que estamos viviendo, y que les toca a otros que no tienen las condiciones de vida que tenemos.

En esta época afectados como estamos por el Covid 19, Poniatowska cumple la cuarentena trabajando y como ella dice, “ordenando las cartas de Octavio Paz, Carlos Monsiváis y Rosario Castellanos, y escribiendo la segunda parte de su novela El amante polaco sobre Stanislaw August Poniatoski (1732-1798), último rey de Polonia. Ya estoy en los años finales de mi vida, quise saber de mí más que de mi tatarabuelo, hace 200 años.”

Ivette Durán Calderón con Elena Poniatowska

Entre felicitaciones, tarjetas y flores, Elena Poniatowska, celebró su cumpleaños, participando en la jornada inaugural del Festival Alfonsino 2020 ¡Reyes se queda en casa!, donde entre otros temas, propuso ser más generosos y ocuparnos más de aquellos que no tienen nada y ahora son las principales víctimas del coronavirus.

 ¡Que sean sus primeros 93! (2025)


Publicaciones:

1954 - Lilus Kikus (colección de cuentos)
1956 - "Melés y Teleo" (cuento, en la revista Panoramas)
1961 - Palabras cruzadas (crónicas)
1963 - Todo comenzó el Domingo (crónico)
1969 - Hasta no verte, Jesús mío (novela)
1971 - La noche de Tlatelolco, sobre la masacre de Tlatelolco de 1968 (relato histórico)
1978 - Querido Diego, te abraza Quiela (colección de cartas ficticias de Angelina Beloff a Diego Rivera)
1979: Gaby Brimmer, autobiografía coescrita de la autora y activista por los derechos de los discapacitados, Gabriela Brimmer.
1979 - De noche vienes (colección de cuentos)
1980 - Fuerte es el silencio (relato histórico)
1982 - Domingo Siete (crónico)
1982 - El último Guajolote (crónico) [La última Turquía]
1985 - ¡Ay vida, no me mereces! Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Juan Rulfo, la literatura de la Onda México (ensayo)
1988 - La flor de lis (novela)
1988 - Nada, nadie. Las voces del temblor, sobre el terremoto de 1985 en la Ciudad de México (relato histórico) [ Nada, nadie: las voces del terremoto]
1991 - Tinísima (novela)
1992 - Frida Kahlo: la cámara seducida (en español. Co-escrito con Carla Stellweg también en inglés como Frida Kahlo: The Camera Seduced)
1994 - Luz y luna, las lunitas (ensayo)
1997 - Guerrero Viejo (fotos e historias orales de la ciudad de Guerrero, Coahuila, inundada por la represa del Río Grande) ISBN  978-0-9655268-0-7
1997 - Paseo de la Reforma (novela) [ Paseo de la Reforma]
1998 - Octavio Paz, las palabras del árbol (ensayo)
1999 - Las soldaderas (archivo fotográfico) [ The Soldier Women]
2000 - Las mil y una ... La herida de Paulina (crónica)
2000 - Juan Soriano, niño de mil años (ensayo)
2000 - Las siete cabritas (ensayo)
2001 - Mariana Yampolsky y la buganvillia
2001 - La piel del cielo (novela, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2001)
2003 - Tlapalería (colección de cuentos) [Traducido al inglés como El corazón de la alcachofa]
2005 - Obras reunidas (obras completas)
2006 - El tren pasa pimero (novela, Ganador del Premio Rómulo Gallegos)
2006 - La Adelita (libro infantil)
2007 - Amanecer en el Zócalo. Los 50 días que confrontaron a México (relato histórico)
2008 - El burro que metió la pata (libro infantil)
2008 - Rondas de la niña mala (poesía, canciones)
2008 - Jardín de Francia (entrevistas)
2008 - Boda en Chimalistac (libro infantil)
2009 - No den las gracias. La colonia Rubén Jaramillo y el Güero Medrano (crónica)
2009 - La vendedora de nubes (libro infantil) [ El vendedor de las nubes]
2011 - Leonora (novela histórica sobre el pintor surrealista Leonora Carrington, Premio Seix Barral Biblioteca Breve)
2012 - El corazón de la alcachofa. Trans. George Henson. Miami: Alligator Press (colección de cuentos) [En español: Tlapalería /ferretería]

Fuente: Recopilación y compilación comparada y mejorada con las declaraciones de la Sra. Poniatowska.
Datos bibliográficos contrastados en LA Biblioteca del Colegio de México https://www.colmex.mx/ y la Biblioteca Nacional de México-UNAM http://www.bnm.unam.mx/ Hemeroteca y Archivos especiales. Datos contrastados y fotografías:

 * Ivette Durán Calderón, es jurista, autora e investigadora histórico social.

martes, 30 de julio de 2019

Potosí, entrada del Virrey Arzobispo Morcillo 1716 ©Ivette Durán Calderón


Potosí, ciudad única ubicada al sur de Bolivia en Sudamérica, durante la época colonial perteneció al virreinato del Perú entre los siglos XVI al XIX.

Potosí, Entrada del Virrey Arzobispo Morcillo, 1716, es una novela breve, ambientada precisamente en el siglo XVIII. "Todo se inició en Cayara..." así comienza el magnífico relato que da a conocer la magnificencia potosina ante el anuncio de la llegada de tan ilustre visitante.
Precisamente tan magno acontecimiento ocuparon la atención del
celebérrimo cronista potosino don Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela y del meritorio pintor cochabambino don Melchor Pérez de Holguín; el primero con la pluma y el segundo con el pincel, inmortalizaron tan singular evento, cada uno a su modo coincidiendo plenamente en muchos detalles, tomando en consideración que ambos, pese a vivir en la misma ciudad, jamás se conocieron.
El manuscrito se ha plasmado finalmente en una gran obra literaria: Historia de la Villa Imperial de Potosí, publicado dos siglos después de haber sido escrito.
La pintura por su parte, se luce imponente con sus aproximadamente 2 metros de alto por 5 de largo, en el Museo de América en Madrid, fue culminada en 1718.

Historia, hablillas, referencias importantes, imaginación y humor
son los ingredientes que dan vida a los protagonistas, cuya trama ucrónica permite imaginarlos e interactuar con ellos transportados  a tan singular época, rindiendo pleitesía a su portentoso Cerro Rico, esa portentosa montaña de plata ubicada  más de 4000 mts. de altura s.n.m.
Editorial Kipus-1918

domingo, 26 de marzo de 2017

El misterio de los clásicos imperecederos – ´¡Honor a las buenas lecturas!

A lo largo del tiempo una de las cosas que se mantiene son las buenas lecturas. Esas obras escritas hace

cientos de años y que todavía al día de hoy llenan las bibliotecas y cautivan a miles de lectores de todas las edades.
Pero... ¿qué es lo que tienen las obras clásicas que las hace permanecer indelebles al paso del tiempo? ¿Por qué ciertas historias continúan siendo leídas con la misma intensidad hoy en día que hace siglos? Pueden existir muchas respuestas para estas preguntas y en este breve artículo intentaré explayarme sobren algunas de ellas.
Fundamentos de una obra clásica
Para que una obra sea clásica debe reunir ciertas características, como trascender en el tiempo, llevar un mensaje que pueda afectar a diferentes culturas de las que provenga y contener una historia fundamental que pueda servir para plasmar la esencia de una sociedad entera, de un grupo selecto o de alguien que vive inmerso en una vida social característica.
Entre las lecturas clásicas que más destacan se encuentran los escritores de la antigüedad, cuyos nombres fundamentales son Dostoyevski, Tolstói, Proust y Flaubert, entre otros. ¿Por qué aún al día de hoy estos escritores son leídos? Principalmente porque supieron escribir acerca de su tiempo, de los conflictos sociales del siglo en que habitaron y plasmar en una historia las contradicciones yacentes en su entorno social. De todas formas no es esta la única razón por la cual al día de hoy continuamos leyéndolos, además lo hacemos porque sus pensamientos pueden ser tan válidos en nuestro tiempo como lo fueron en el suyo y porque sus obras iluminan nuestra realidad social y política, muchos siglos después de haber sido escritas.
En este punto desearía detenerme y decir que considero que es ahí donde reside el verdadero secreto de las obras clásicas, de su permanencia a lo largo del tiempo, en la capacidad de permanecer inherentes al paso del tiempo, de ser siempre actuales, aunque su estilo literario ya se encuentre en desuso y ciertas cuestiones ya hayan caducado.
¿Qué tienen en común Don Quijote, Robin Hood y Tom Sayer?
Don Quijote, ese personaje loco, descarriado y tan entrañable continúa estando en nuestras librerías, poblando nuestras bibliotecas gracias a su esencia. Porque con él Cervantes consiguió pintar el alma de los artistas, bohemios, soñadores y capaces de darlo todo por un sueño.
En este personaje muchos podemos sentirnos identificados, hemos sido capaces de acercarnos a La Mancha y deseado conocerla y pisarla, así como también nos hemos sabido acercar a lo profundo de las cosas, intentando encontrar el sentido de lo verdadero, que lejos está de lo que el mundo propone. Don Quijote permanece porque su locura es el ingrediente que lo vuelve clásico y que permite que continúe vivo varios siglos después.
Robin Hood es otro personaje antiguo que continúa siendo relevante hoy en día. Su pasión por la justicia considero que es el elemento que lo ha vuelto famoso y que le permite continuar en su mejor auge. Un hombre capaz de dejarlo todo en pos de la lucha por la igualdad, por el reinado del bien sobre el mal y la corrupción de los políticos. Sin lugar a dudas, gracias a esa característica, de luchador desinteresado por el bien común, continuamos hablando de él, y leyendo acerca de sus historias.
Continuando con la lista podemos nombrar a Tom Sawyer, un chico huérfano que vive un sin fin de aventuras, que lo llevan a meterse en líos gordos, pero pese a ello logra salir siempre ileso… Aquí me detengo, porque ¿qué es lo que hace especial a este personaje? ¿Qué tenía este niñito de Mark Twain que le ayudó a convertirse en un clásico de la mayoría de los idiomas? La inocencia escondida detrás de la maldad y la travesía, y esa capacidad de “querer comerse el mundo y no parar hasta conseguirlo”. Todo esto lo vuelven único, entrañable y hace que todos queramos leerlo. Además, en esta obra, Twain logra caracterizar muy bien la sociedad burguesa enfrentada con la clase baja de ese entonces y este libro sirve mucho para entender la estructura social de esa región de Estados Unidos.
Estas son sólo tres de las infinitas obras consideradas clásicas, tan sólo las he querido nombrar para describir los tres elementos fundamentales que deben contener las obras clásicas para permanecer, para convertirse en obras maestras: una cuota de demencia o irracionalidad, una fuerte convicción y empeño por conseguir un cambio social, e inocencia para llegar a cautivar al lector.
Los clásicos y las ideas renovadas
Por otro lado, cabe mencionar que la mayoría de las historias clásicas, que son consideradas obras magnas, no hablan de patriotismo y de otros ismos; al revés, intentan mostrar una visión más amplia del mundo y de la vida, llegar a plantear ideas sumamente renovadoras para cualquier tiempo, donde la libertad, el bien común y la tolerancia son las principales protagonistas. Es aquí donde me atrevo a afirmar que ninguna obra clásica pudo ser considerada una buena obra en su época, puesto que los seres humanos no sabemos apreciar lo verdadero en su justo momento, sino cuando ya ha ocurrido.
Es interesante quedarnos con este aspecto de las obras que han trascendido a los tiempos, para descubrir definitivamente que los grandes pensadores, los escritores apasionados y los artistas que han hecho historia son aquellos que han sabido aportar una idea renovada de la existencia; controversial en la mayoría de los casos, aunque ahora podamos entenderlas como “obvias”, y sobre todo que se han jugado por sus ideales pese a tener que ser tildados de locos. Tal es el caso de Tolstói, que renunció a todos sus bienes para ofrecérselos a los campesinos que habían trabajado en la finca de su padre desde que él era niño, que murió en una estación de tren y que su propia familia declaró de demente tan sólo por eso, por creer en algo diferente y por luchar por esas ideas. Cabe aclarar que fue Lev Tolstói uno de los primeros veganos que vio la historia./Téxil Gardey/LIVDUCA

lunes, 6 de agosto de 2012

Se buscan profesores para las asignaturas de: Imaginación, Inspiración, Talento, Vivencias. Ref: Escuela de Escritores



© Ivette Durán Calderón

De un tiempo a esta parte, dos o tres años, no más, pero más intensamente, en diferentes países se imparten cursos de ¿Escritura? ¿Escritura Literaria? En otras palabras: van proliferando las Escuelas y Talleres para formar escritores. Sin embargo, ésta no es una novedad, México es el país pionero, ya que el año 1986 se creó la Escuela de Escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México), que fue la primera en su tipo en Latinoamérica y España; esa institución se sumó al trabajo que desde 1957 realizaba el Centro Mexicano de Escritores, epicentro de la literatura mexicana del siglo XX.
Efectivamente, están plenamente justificados los cursos de Redacción, Gramática, Ortografía, Semántica, Sintaxis, Análisis de novela, cuento, relato, ensayo, Crítica Literaria  y un largo etcétera – con lo simple que sería llamar a este curso “Lengua” o “Lenguaje” o “Literatura”-  y no dejar de fomentar la venta de las guías de “Análisis de texto y Lengua”. Pero, no podemos impartir, calificar y evaluar la imaginación, la inspiración, el talento o las vivencias de cada “alumno”. Fulano de tal reprobó por ¿falta de imaginación? Metafóricamente hablando: Podemos llevar a un jumento a la fuerza hasta el río…pero no podremos obligarle a beber de sus aguas.
El asunto no es escribir por escribir y autodenominarse “escritor”. Escritor es quien escribe bien y se hace dueño y eco de su oficio para atraer a sus lectores, llegar a ellos a través de la palabra correctamente escrita. De un escritor se debe aprender, no perder el tiempo leyéndolo. Escribir se aprende escribiendo, luego de leer mucho.
No vamos a divagar en la pregunta de siempre: “¿El escritor nace o se hace?”, muy común en las entrevistas. Las respuestas son variopintas.
Tuve la oportunidad de conocer a varios Diplomados de Formación Literaria que estudiaron en la Escuela Mexicana de Escritores. Me mostraron algunos con orgullo y otros con frustración sus diplomas, los cuales no les hace merecedores del Título de Escritor,  “es la obra, no el diploma, lo que les permite llamarse escritores” - es uno de los axiomas de esa escuela. – Enfatizó uno de ellos.
En una de mis visitas a Argentina, estuve tentada, más por curiosidad, que necesidad, de participar en las clases de "Clínica para novela y crónica", aún me queda la duda si debí o no haber participado.
La Escuela de Escritura Creativa de Chile, ofrecía el año 2006 un interesante – llamado por ellos módulo de estudios-  “fomento del libro y la lectura” asumí que pretendían fomentar la escritura, publicación, venta y compra de libros para su consecuente lectura. El curso estaba dirigido a escritores, estudiantes, amantes del desarrollo literario, del fomento del libro y la lectura, y a la comunidad en general. Mi estancia fue tan breve que no pude obtener más información.
En España, ofrecen capacitación permanente y competitiva con cursos presenciales y online, existe asimismo, un Máster de Narrativa.
No ha dejado de sorprenderme el año 2009, cuando recibí la información-invitación de la Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos de un “Curso para Escritores” me sonó simpático y diferente. Fue desde entonces que estoy convencida que los escritores pueden y deben actualizar sus conocimientos, sus capacitadores será sus propios colegas, más, o menos destacados, según se aprecie,  ya sea por un golpe de suerte o porque su contemporáneo magistral legado literario no deja lugar a dudas.
Me cabe puntualizar que diariamente me llegan online invitaciones de talleres, cursos, seminarios, etc., para mejorar o aprender el arte de escribir, paralelamente me ofrecen ventajosas ofertas de autoedición, me enseñan a escribir, pago por ello, luego autoedito mi libro, pago y a esperar. Mientras pague realmente me “enseñarán a escribir” o simplemente ofrecen impresión de cualquier texto llámese, novela, cuento poemario, ensayo, etc., libros que jamás llegarán a un escaparate serio, menos aún a una Feria de Libros. Siempre se necesitará la firma editorial. La autoedición halaga el ego y acrecienta el arca de las imprentas.
Os dejo con esta noticia:
Escuelas de escritores ¿puro cuento o una realidad?
Formación. El arte literario
Académicos, directivos, escritores y estudiantes aseguran que las escuelas funcionan, que son espacios para la creación y la autocrítica, que allí no van a encontrar el talento pero sí a forjar la disciplina
En las escuelas de escritores el talento no se vende, tampoco forma parte de asignaturas ni se consigue mediante un diploma con validez oficial. Con el tiempo, se han convertido en espacios necesarios donde el aspirante a escritor se forja, vence sus egos y afirma la autocrítica; allí adquiere disciplina y calidad literaria.
En México abundan los talleres literarios, cursos y diplomados de literatura; unos impartidos en casas de cultura y muchos en instituciones de la iniciativa privada. Incluso es un país pionero en escuelas para escritores. En 1986 se creó la Escuela de Escritores de la Sogem, que fue la primera en su tipo en América y España; esa institución se sumó al trabajo que desde 1957 realizaba el Centro Mexicano de Escritores, epicentro de la literatura mexicana del siglo XX.
Son válidas algunas preguntas a propósito de estas escuelas: ¿sirven?, ¿proporcionan herramientas?, ¿ayudan a forjar escritores?, ¿son espacios de acompañamiento y consejo?, ¿son lugares donde los aspirantes a escritor hallan habilidades para el oficio de escribir?
Académicos, directivos, escritores y estudiantes aseguran que las escuelas funcionan, que son espacios para la creación y la autocrítica, que allí no van a encontrar el talento pero sí a forjar la disciplina, que hay premisas que deben cumplir, que es un oficio de mucha disciplina y que deben terminar con el prejuicio que existe de que un escritor se hace leyendo y en la calle.
“Hay un prejuicio muy grande contra las escuelas de escritores; ¿por qué si hay una escuela de pintura, una de música, una de cine, una de fotografía o una escuela de danza, no habría de haber una escuela de escritores?”, señala Mario González Suárez, quien dirige la Escuela Mexicana de Escritores, creada en mayo de 2011. 
Todas las escuelas emprenden nuevas estrategias para allegarse alumnos, abren talleres en líneas, crean cursos de especialización para que los alumnos terminen una obra y la publiquen editoriales independientes; suman escritores como maestros, están al tanto de lo que pasa en otras escuelas. En todas hay autores, hay muchachos que han ganado premios, profesionales de la literatura, hay sueños y deseos de hacer carrera, tener estilo y nombre y que su obra se inscriba en la llamada República de las Letras.
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Escuelas de escritores ¿puro cuento o una realidad?
La Sogem fue pionera en sistematizar la enseñanza de la creación literaria. Hoy, varias universidades y otras instituciones han creado sus programas. ¿Se puede aprender a ser escritor en un pupitre? Aquí hablan algunas experiencias

TRADICIÓN. La Escuela de escritores de la Sogem fue pionera en América Latina y España; miles de egresados han pasado por sus aulas, 800 han obtenido algún premio. (Foto: Oscar Palacios)

Arturo Carrasco llegó a la Escuela Mexicana de Escritores con un manuscrito bajo el brazo, era a penas un proyecto, una historia que exigía ser contada. En poco más de un año ha emprendido el azaroso camino de la escritura, ha caído y se ha levantado, ha descubierto que se aprende a escribir escribiendo, que la literatura, como toda arte, no se asimila en un manual sino que es un asunto orgánico y una labor continua por encontrar la voz propia.
En las escuelas de escritores el talento no se vende, tampoco forma parte de asignaturas ni se consigue mediante un diploma con validez oficial. Con el tiempo, se han convertido en espacios necesarios donde el aspirante a escritor se forja, vence sus egos y afirma la autocrítica; allí adquiere disciplina y calidad literaria.

En México abundan los talleres literarios, cursos y diplomados de literatura; unos impartidos en casas de cultura y muchos en instituciones de la iniciativa privada. Incluso es un país pionero en escuelas para escritores. En 1986 se creó la Escuela de Escritores de la Sogem, que fue la primera en su tipo en América y España; esa institución se sumó al trabajo que desde 1957 realizaba el Centro Mexicano de Escritores, epicentro de la literatura mexicana del siglo XX.
Hoy, en pleno siglo XXI, donde existen por lo menos cinco escuelas para escritores, la mayoría de reciente creación, son válidas las preguntas: ¿sirven?, ¿proporcionan herramientas?, ¿ayudan a forjar escritores?, ¿son espacios de acompañamiento y consejo?, ¿son lugares donde los aspirantes a escritor hallan habilidades para el oficio de escribir?
Académicos, directivos, escritores y estudiantes aseguran que las escuelas funcionan, que son espacios para la creación y la autocrítica, que allí no van a encontrar el talento pero sí a forjar la disciplina, que hay premisas que deben cumplir, que es un oficio de mucha disciplina y que deben terminar con el prejuicio que existe de que un escritor se hace leyendo y en la calle.
“Hay un prejuicio muy grande contra las escuelas de escritores; ¿por qué si hay una escuela de pintura, una de música, una de cine, una de fotografía o una escuela de danza, no habría de haber una escuela de escritores?”, señala Mario González Suárez, el escritor que dirige la Escuela Mexicana de Escritores, creada en mayo de 2011.
Las escuelas de escritores suelen ser ejercicios de escritura, de tallereo, de lecturas en voz alta, de acompañamiento de tutor-alumno y de alumno con alumno, son espacios para la discusión, el análisis y la autocrítica; lugares en los que no se aprenden el oficio sino que se ejerce con crítica.
Por ejemplo, el Programa de Escritura Creativa que desde 2008 tiene la Universidad del Claustro de Sor Juana, dice Sandra Lorenzano, escritora y vicerrectora de esa institución educativa, está pensado para disfrutar de la escritura y compartirla, para descubrir las posibilidades que encierra, a partir del diálogo con escritores formados, pero también con los pares.
“Creo que no se puede ‘enseñar’ a escribir, pero sí se puede acompañar en un proceso formativo, de conocimientos de las diversas herramientas creativas, y de descubrimiento de los caminos que la escritura puede abrir”, comenta.
Para Elsie Méndez Baillet, directora desde hace un año de la Escuela de Escritores de la Sogem, institución con 25 años de trabajo, las escuelas de escritores brindan herramientas y un punto de vista, un consejo, pero solamente eso, pues dice que si el escritor no trabaja no logra nada. “Trabajamos a través de talleres, de escribir, de leer, de escuchar opiniones de los demás y de corregir. Cuando el alumno termina tiene escritos unos dos cuentos, tal vez un tercio de novela, un guión de cine o tal vez proyecto para televisión”.
Alejandro Montes, profesor-investigador de la academia de Creación Literaria de la licenciatura que se imparte en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México desde 2001, cita que muchos han dicho que “Shakespeare nunca fue a la universidad”, y sugiere que para escribir sólo es suficiente hacerlo, él afirma que es una aseveración muy parcial porque únicamente apela a la voluntad del escritor no al oficio adquirido por la confrontación práctica de la experiencia ni a la adquisición de conocimientos por investigación, estudio y lectura.
Escribir escribiendo
Elsie Méndez Baillet asegura que un escritor se descubre a sí mismo escribiendo. “Solamente con la práctica de su escritura puede descubrir su voz específica que surge a partir de su experiencia propia y de las habilidades que tenga, es decir, el talento, lo han dicho muchísimas personas, tiene que ver con la gran cantidad de trabajo, de práctica y de experiencia”.
Sandra Lorenzano asegura que hay interés, han cursado el programa 900 personas y que incluso han creado la licenciatura en Escritura creativa y literatura, cuya primera generación ingresó en agosto de 2011.
Alejandro Montes dice que un escritor debe profesionalizar su oficio no sólo desde la intuición sino por medio de conocimientos organizados que enriquezcan su trabajo.
González Suárez es categórico: “Una facultad de letras no sirve para ser escritor, hace profesores y críticos, frustra vocaciones literarias; una facultad de letras está demasiado ceñida a una serie de requisitos académicos que no necesita un escritor, está muy bien para la investigación, la docencia pero no para la creación”.
También dice que se equivocan los escritores que aseguran que el escritor se hace en la calle y en la cantina. “Tú no aprendes a escribir leyendo, aprendes a escribir escribiendo y sobre todo aprendiendo a escribir con otros escritores. Los jóvenes tienen que aprender a conocerse, a trabajar consigo mismos; la literatura como todas las artes no es algo que se pueda aprender en un manual, es algo orgánico con lo que tienes que trabajar; las escuelas trabajan con el oficio”.

En los últimos años han surgido escuelas de escritores en latinoamérica y España, está la escuela de escritores en Madrid que tiene mucha actividad, pero también ejercicios en Venezuela, Argentina, Colombia y Estados Unidos. Por ejemplo, el Programa de Escritura Creativa del Claustro de Sor Juana tomó como modelo la Escuela Holden, creada por Alessandro Baricco en Turín.
Todas las escuelas emprenden nuevas estrategias para allegarse alumnos, abren talleres en líneas, crean cursos de especialización para que los alumnos terminen una obnra y la publiquen editoriales independientes; suman escritores como maestros, están al tanto de lo que pasa en otras escuelas como Casa Lamm o los ejercicios en el Centro Xavier Villaurrutia o ese experimento que fue la Escuela Dinámica de Escritores de Mario Bellatín.
En todas las escuelas de escritores, hay autores, hay muchachos que han ganado premios, hay profesionales ejerciendo la literatura, hay sueños y deseos de hacer carrera, tener estilo y nombre y que su obra se inscriba en la llamada República de las Letras.
Fuente/ El Universal/LIVDUCA