sábado, 13 de junio de 2026

Aquellos devoradores del tiempo ajeno, los temibles cronófagos. Ivette Durán Calderón

Cronófagos, aquellos devoradores del tiempo ajeno

© Ivette Durán Calderón


Poco se ha escrito acerca de los cronófagos, al punto de que muchas personas piensan que es un sustantivo inventado por alguien; incluso han asociado este término con el de misógino y lo confundieron con el de coprófago y con el de cronógrafo. Sylvia Denise do Pico, periodista estadounidense, explica los obstáculos que tienen las mujeres para realizarse personalmente debido a una extraña conspiración de los cronófagos, a los cuales además llama caníbales y consumidores del tiempo femenino.

Montherlant llamó cronófagos a los “devoradores” de tiempo. Se llama así, no a los que, buscando mayor eficiencia a sus vidas, avanzan a pasos gigantes y conquistan nuevas tierras cada día, tampoco lo son aquellos que disipan lamentablemente sus horas, yendo tras de ideales estériles o en tareas inútiles.

Cronófago, es un término cuya etimología griega es: khronos -tiempo y phagein-comer, alude a aquello que se come tu tiempo, es decir: un ladrón de tiempo.

Asimismo, cronófago es quien ejerce la cronofagia.

Resulta interesante parafrasear y analizar lo que nos dice Montherlant, acerca de los cronófagos pero antes, debemos recordar que Henry Marie Joseph Frédéric Expedite Millon de Montherlant, más conocido como Henry de Montherlant (París,1895-1972), fue un novelista, ensayista, autor dramático y académico francés quien luego de un fatal accidente perdió la vista, por lo que se suicidó ingiriendo una cápsula de cianuro y simultáneamente disparándose un tiro en la boca. Curioso final para alguien que sostuvo que el cronófago es un tipo patológico muy especial, muy difundido, enemigo declarado del hombre que tiene ganas de vivir, de trabajar, de triunfar.

El cronófago es el que visita un taller en horas de trabajo y va de puerta en puerta hablando con los trabajadores y destruyendo con su meliflua charla, la labor provechosa que esas manos tratan de hacer; va a las redacciones y distrae al personal.

En las fábricas, en los conservatorios, en las aulas, medios de comunicación, negocios, etc., en toda congregación de gente que trabaja, hay cronófagos. Y no se valen solamente de la visita; cuando se los rechaza, acuden al teléfono, al móvil a los mensajes, al Internet, al chat, redes sociales en general, también a la correspondencia, al “encuentro casual” y muchos otros medios. A veces destruyen el espíritu constructivo y creador de los demás, a fuerza de inculcarles su zumbido de zánganos; y luego son los primeros en reprocharles el fracaso, si éste se produce.

Y llevan así una vida poblada solamente de ecos, de bambolla: vacía. Para el que aspira a vivir mucho y con eficiencia, para el que aspira hacer una estada provechosa y feliz en el mundo, es un deber imperioso despojarse del pesado lastre de los cronófagos.

Ya lo decía el escritor normando André Maurois: Muchos seres humanos se quejan de la brevedad de la vida, ¿pero es que viven siquiera ocho horas al día?

Y en verdad, a quien no sabe ahorrar su tiempo, a quien no rinde lo que debiera, ni en cantidad ni en calidad, le diríamos: “Viva cien años, porque eso puede conseguirlo haciendo vida sana; pero no viva cien años de 365 días ociosos, sino un verdadero siglo de horas activas”. ¿No le decimos acaso “viva”? Vivir es actuar, es funcionar, es moverse. Y así su vida se medirá por las horas de provecho, no por las de holganza, menos de maldad.

Por eso, aléjese de los cronófagos que, al devorar su tiempo, se devoran lo mejor de su vida: el rendimiento, la verdadera eficiencia de su actividad.

Sin, embargo, pese a lo dicho, un cronófago puede ser útil; imagine una circunstancia en la que no llega a tiempo un orador, un artista, un grupo, etc., lo que se hace es echar mano de los cronófagos, de los que le distraen, le hacen pasar el tiempo, se lo hacen perder, mientras llega el motivo central de atracción; no estamos hablando de teloneros, aprendices o principiantes, sino de alguien que no estaba en el programa, no es grato, pero puede ser útil.

 

Maurois es el pseudónimo de Emile Herzog, biógrafo, novelista y ensayista francés e intérprete de la cultura británica (1885-1967)

Henry de Montherlant, Novelista y dramaturgo francés de origen catalán (1826-1972)

Silvya Do Picco, periodista estadounidense autora de Mujer sin Fin (Editorial B 2007)

Imagen cronofagia: Se trata del “Corpus Clock” y se encuentra en la Universidad de Cambridge. Funciona gracias a un mecanismo de relojería inventado en el año 1772 por el inglés John Harrison llamado “Grasshopper Escapement”. Sobre este particular reloj mecánico, se encuentra un saltamontes que se “traga” los minutos, quizás recordándonos que cada minuto que pasa, no se puede recuperar.  https://www.lareserva.com/el_reloj_mas_raro_del_mundo

domingo, 24 de mayo de 2026

Diplomacia frágil, consulados exigidos y una diáspora que sostiene al país


Por: Ivette Durán Calderón*

El servicio exterior boliviano atraviesa un desequilibrio estructural que combina una diplomacia debilitada, un sistema consular sobreexigido y una diáspora que se ha convertido en uno de los principales soportes económicos del país. En este contexto, la falta de profesionalización y de meritocracia en la carrera diplomática, sumada a la implementación parcial de herramientas digitales consulares, abre un debate urgente sobre la capacidad del Estado para representar y atender a sus ciudadanos en el exterior.

Hay una paradoja incómoda en el servicio exterior boliviano: mientras millones de ciudadanos sostienen la economía nacional desde el exterior, el Estado no logra sostener, con la misma solidez, su representación fuera de sus fronteras.

La crisis comienza en la diplomacia.

No es un diagnóstico nuevo, pero sí cada vez más evidente. La falta de profesionalización, la rotación política en cargos estratégicos y la ausencia de una política exterior coherente han debilitado la capacidad del país para posicionarse internacionalmente. Como advierte el analista Jaime Aparicio: cuando la diplomacia pierde estructura, el Estado pierde presencia, influencia y capacidad de defensa de sus intereses.

En ese mismo sentido, el propio Jaime Aparicio ha reiterado que la ausencia de institucionalidad en la carrera exterior y la falta de meritocracia han convertido al servicio diplomático en un espacio vulnerable, debilitando su función estratégica y su capacidad de respuesta ante los desafíos internacionales contemporáneos.

Pero esa debilidad no se queda en el plano internacional. Se traslada directamente al ámbito consular, donde se hace tangible para el ciudadano.

Hace poco, una comisión de la Organización de Residentes Bolivianos en el Exterior (ORBE Organización horizontal creada en USA en 2000) estuvo en Bolivia con una agenda clara: visibilizar estas -entre otras falencias-, y proponer soluciones concretas. La delegación fue liderada por Ivette Durán Calderón, quien en diversas entrevistas subrayó un hecho estructural: España encabeza desde hace años el envío de remesas hacia Bolivia, consolidando a la diáspora boliviana en su conjunto, como el segundo ingreso económico más importante del país.Esa realidad exige reciprocidad institucional. 

ORBE ha sido clara en su planteamiento: es imprescindible reestructurar la Academia Diplomática y garantizar que quienes representen al país —tanto en embajadas como en consulados— sean profesionales cualificados, seleccionados bajo criterios de mérito y no de conveniencia política. La meritocracia no es un ideal abstracto; es una necesidad institucional urgente.

No solo está en juego la imagen de Bolivia ante el mundo. Está en juego el derecho del emigrante boliviano a una representación digna y a un servicio consular eficiente.

Porque si la diplomacia muestra debilidad estructural, el servicio consular enfrenta un problema distinto, pero igual de crítico: la sobrecarga.El intento de modernización a través del consulado en línea, implementado en 2022 como parte del gobierno electrónico, prometía reducir tiempos, costos y burocracia. Sin embargo, en la práctica, esta transformación es parcial.

No todos los trámites están completamente digitalizados. Algunos requieren pasos adicionales y otros exigen presencia física. La información no siempre es clara, generando confusión y frustración. Es necesario afirmarlo con precisión: el consulado en línea no reemplaza al consulado presencial.

A esto se suma la confusión sobre los consulados honorarios. Estas representaciones cumplen funciones limitadas pero útiles: orientación, asistencia básica, enlace con autoridades locales y apoyo en gestiones simples. Sin embargo, no sustituyen a un consulado formal rentado ni emiten la mayoría de documentos oficiales.

Es necesario citar la labor de los consulados itinerantes (hoy llamados móviles), no hay un calendario fijo, no se asigna un presupuesto específico, además de no contar con una supervisión, rendición de cuentas e informe pormenorizado de sus desplazamientos. Vale sumar la necesidad de estos consulados entre países que no cuentan con representación diplomática ni consular, citar como ejemplo Nueva Zelanda y el drama que se vive actualmente ante la probabilidad de perder la regularización por no contar con pasaportes vigentes; niños que no pueden acreditar el vínculo materno porque no pueden solicitar el certificado de nacimiento de la madre. Esperan la visita del consulado itinerante boliviano de Japón o de Canadá -no hay presupuesto-, acuden al consulado de Corea del Sur, el cual, al no tener jurisdicción en Nueva Zelanda, poco o nada puede hacer sino atenderles presencialmente, con los gastos que ello implica en pasajes y estadía. Australia se encuentra en la misma situación, ya que luego del fallecimiento del cónsul honorario, dependen de los consulados itinerantes de Japón o Canadá, es eso, o viajar hasta esos países a recibir atención.

España es otro ejemplo, entre las Islas Canarias y la Península la visita del consulado itinerante se hace difícil debido a la falta de presupuesto; la cosa no es distinta en Sudamérica: Argentina es uno de los países que más consulados rentados tiene, sin embargo, hay lugares distantes al consulado más próximo, que requieren nueve horas de transporte por carretera, una población de más de 100 mil bolivianos, clama la apertura de un consulado “por lo menos” honorario. México es otro ejemplo, hay atención consular, pero no hay cónsul, las distancias que deben recorrer los compatriotas tanto para obtener una cita, solicitar el documento y además volver para recogerlo, es incomprensible.

Un problema común en todos los consulados del mundo es que los teléfonos no funcionan, no hay quien atienda con prontitud y en horario, las llamadas y, como corolario: pocos consulados ponen a disposición un número de emergencia que funcione las 24 horas. La visibilidad en las redes sociales, particularmente Facebook, resulta no menos pintoresco, ya que se limitan a repostear, compartir o reenviar las noticias de la Cancillería boliviana, colgar comunicados para atención consular de fin de semana o alguna vez, anunciar la atención del SEGIP o finalmente publicar el listado de personas que solicitaron pasaportes, vulnerando la protección de datos y derecho a la privacidad. En redes sociales su labor es performativa, causando confusión y creando desconcierto, la gente cree que cuenta con atención consular, pero en realidad no es operativa.  Los problemas cruciales de los emigrantes bolivianos son invisibles ante los ojos de la propia comunidad y de las autoridades pertinentes; se vuelven visibles ante un fallecimiento, accidente, amenaza bélica, catástrofe medioambiental, o cualquier otra amenaza inesperada. Los ejemplos suman y siguen. (Fuente: Mapa consular – ORBE).


El resultado es un servicio exterior tensionado por ambos extremos: una diplomacia debilitada en su estructura y un sistema consular exigido más allá de su capacidad operativa.

Y en medio de ambos, una diáspora que no solo demanda atención, sino que aporta de manera decisiva al país.

Tal es la crisis —o la desesperación, según se vea— que distintos colectivos de connacionales bolivianos han comenzado a presentar autopostulaciones o propuestas de representación. Ciudadanos nativos de los países de acogida, han presentado su postulación en un intento de ayudar al colectivo boliviano. Incluso se ha planteado desde algunos sectores la figura de “embajador ad honorem”, lo que evidencia la magnitud del vacío institucional percibido.

Educar e informar es una tarea central de la Cancillería, mediante comunicados claros y oportunos que eviten falsas expectativas. No existen embajadas honorarias o ad honorem, por más voluntad de servicio que exista desde el exterior. Tampoco se pueden abrir consulados honorarios de un día para otro, se necesita principalmente, tanto la aceptación como la reciprocidad del país de acogida.

Es notoria la falta de un enlace entre la comunidad boliviana en el exterior, el servicio consular y el Gobierno. Una especie de Defensor del Emigrante, un Director de la Oficina de Atención al Boliviano en el Exterior, o un Inspector Itinerante del Servicio Consular. En definitiva, un interlocutor directo, independiente de la Cancillería para lograr objetivos y solucionar problemas en tiempo y forma, es la única forma de evitar que los connacionales queden en franco estado de indefensión.

La discusión ya no puede postergarse. Bolivia necesita reconstruir su servicio exterior desde tres pilares: profesionalización, meritocracia y coherencia institucional.

Porque no se trata únicamente de mejorar la imagen internacional. Se trata de responder, con seriedad, a quienes desde fuera siguen sosteniendo al país desde dentro.

(*) Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora; experta en inmigración, extranjería, protocolo diplomático internacional y servicio consular. Tratadista y autora de ensayo, historia, novela, cuento y poesía. Radica en Europa. En imprenta: “ORBE trasfondo social de la emigración boliviana”; “Libro Blanco de la Política Consular Boliviana”.

Contacto: orbebolivianosexterior@gmail.com

ivettedurancalderon@gmail.com