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sábado, 6 de septiembre de 2025

Potosí no es una ciudad cualquiera, ni su Cerro Rico una montaña más - Ivette Durán Calderón

           
          ¡Soy el rico Potosí!

Cuánto dolor queda en las callejuelas

por tantos ultrajes a minas e hijuelas;

surgen los recuerdos… rencor boliviano

acontecimientos de nuestro altiplano.

¡Quinto Centenario! no cien, ni doscientos

años los que evocan otrora riquezas,

aquellas que hicieron pugnar las realezas

soberbios e impíos avasallamientos.

 ¿Y el supuesto puente suntuoso de plata?

¡Unir pudo egregio Potosí y España!

Nos acongojamos por tan vil patraña

que dejó pobreza … secuela escarlata.

 El rey de los montes, envidia de reyes

no es más el entonces “¡del mundo el tesoro!” 

sufre silencioso la ausencia de leyes

anhelante, insigne ¡fiel a su decoro!

 ¡Bravos potosinos, demostrad al mundo,

lo que se consigue con tesón profundo!

No más perorata, ¡Basta ya de engaño!

Ya no queda nada, ni plata… ni estaño.

 ¡El ínclito cerro se nos hunde a trozos!

mineros, palliris… se ahogan en sollozos.

Para preservarlo con ansia clamemos

y el Bicentenario tristes celebremos…


domingo, 26 de marzo de 2017

El ego del escritor



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El ego del escritor es una de las mayores debilidades que afectan a un escritor en su trabajo. Es un arma de doble filo con que el más de una vez se corta.
El ego del escritor puede llevarle a creerse más que los demás, a sentirse superior, a creerse especial. Tal vez se deba en parte a que el escritor aborda una empresa multidisciplinar, compartiendo destrezas con psicólogos, con burst-your-ego-bubble-600x320sociólogos y con otras muchas profesiones que le serán, no ya útiles, sino hasta imprescindibles en el desarrollo de sus proyectos. Puede que ahí radique la distorsión de la lente con la que ve su propio ego, en que siendo solo en una pequeña parte profesional de todas y cada una de esas disciplinas, el escritor ya se ve con el doctorado de cada una de ellas en la mano y aclamado por un público académico de primera línea.
El éxito de una obra inyecta tanto aire en el ego del escritor, que éste suele pasar a una nueva dimensión, y no hablo en el sentido estrictamente físico, sino en el sentido sicológico de, efectivamente, llegar a creerse alguien superior solo por haber parido una obra de masas que, por lo general, entienden mucho más de éxitos comerciales que de literatura. Siendo el primer entendimiento producto de la conjunción de una buena campaña de márketing y de una inmejorable penetración en un mercado muy permeable y estabulado, lo que le otorga al “lector” muy poca capacidad de discernimiento sobre lo que es literatura y lo que no, o de participación consciente en el encumbramiento de un autor y su ego.
Son centenares de escritores que por cuestiones de ego, son intolerables y hostiles hacia la sociedad y su propio caretasentorno; quedando muchos de ellos, no se sabe muy bien por qué, en aras de la misantropía. ¿Desde dónde se origina entonces tanta repulsión? Desde el propio ego. Desde la misma trinchera donde el escritor percibe el fondo y la forma de las cosas. No solamente es un ego inquieto, sino también nefasto para sí mismo; precisamente cuando el propio escritor va quedando eslavizado por sus pensamientos y conjeturas. Es como si se pusiera a sí mismo un estigma del que no puede desprenderse. Porque a veces el origen de un conflicto no es por una cuestión de conducta, sino de comportamiento. Y en ese sentido el ego es un arma de doble filo. Las razones por las que un escritor es tan aberrante, vanidoso, carente de escrúpulos, prepotente, chulesco, irreverente, ingrato, narcisista, envidioso, burlón e inaguantable, muchas veces se origina en su propio ego. En definitiva, la egolatría hace de muchos literatos enemigos de sí mismos. Al igual que, tu peor enemigo, tiene tu mismo nombre y apellidos. Y quizás no te hayas dado cuenta.(Publicado el 23 enero, 2017 por )

El misterio de los clásicos imperecederos – ´¡Honor a las buenas lecturas!

A lo largo del tiempo una de las cosas que se mantiene son las buenas lecturas. Esas obras escritas hace

cientos de años y que todavía al día de hoy llenan las bibliotecas y cautivan a miles de lectores de todas las edades.
Pero... ¿qué es lo que tienen las obras clásicas que las hace permanecer indelebles al paso del tiempo? ¿Por qué ciertas historias continúan siendo leídas con la misma intensidad hoy en día que hace siglos? Pueden existir muchas respuestas para estas preguntas y en este breve artículo intentaré explayarme sobren algunas de ellas.
Fundamentos de una obra clásica
Para que una obra sea clásica debe reunir ciertas características, como trascender en el tiempo, llevar un mensaje que pueda afectar a diferentes culturas de las que provenga y contener una historia fundamental que pueda servir para plasmar la esencia de una sociedad entera, de un grupo selecto o de alguien que vive inmerso en una vida social característica.
Entre las lecturas clásicas que más destacan se encuentran los escritores de la antigüedad, cuyos nombres fundamentales son Dostoyevski, Tolstói, Proust y Flaubert, entre otros. ¿Por qué aún al día de hoy estos escritores son leídos? Principalmente porque supieron escribir acerca de su tiempo, de los conflictos sociales del siglo en que habitaron y plasmar en una historia las contradicciones yacentes en su entorno social. De todas formas no es esta la única razón por la cual al día de hoy continuamos leyéndolos, además lo hacemos porque sus pensamientos pueden ser tan válidos en nuestro tiempo como lo fueron en el suyo y porque sus obras iluminan nuestra realidad social y política, muchos siglos después de haber sido escritas.
En este punto desearía detenerme y decir que considero que es ahí donde reside el verdadero secreto de las obras clásicas, de su permanencia a lo largo del tiempo, en la capacidad de permanecer inherentes al paso del tiempo, de ser siempre actuales, aunque su estilo literario ya se encuentre en desuso y ciertas cuestiones ya hayan caducado.
¿Qué tienen en común Don Quijote, Robin Hood y Tom Sayer?
Don Quijote, ese personaje loco, descarriado y tan entrañable continúa estando en nuestras librerías, poblando nuestras bibliotecas gracias a su esencia. Porque con él Cervantes consiguió pintar el alma de los artistas, bohemios, soñadores y capaces de darlo todo por un sueño.
En este personaje muchos podemos sentirnos identificados, hemos sido capaces de acercarnos a La Mancha y deseado conocerla y pisarla, así como también nos hemos sabido acercar a lo profundo de las cosas, intentando encontrar el sentido de lo verdadero, que lejos está de lo que el mundo propone. Don Quijote permanece porque su locura es el ingrediente que lo vuelve clásico y que permite que continúe vivo varios siglos después.
Robin Hood es otro personaje antiguo que continúa siendo relevante hoy en día. Su pasión por la justicia considero que es el elemento que lo ha vuelto famoso y que le permite continuar en su mejor auge. Un hombre capaz de dejarlo todo en pos de la lucha por la igualdad, por el reinado del bien sobre el mal y la corrupción de los políticos. Sin lugar a dudas, gracias a esa característica, de luchador desinteresado por el bien común, continuamos hablando de él, y leyendo acerca de sus historias.
Continuando con la lista podemos nombrar a Tom Sawyer, un chico huérfano que vive un sin fin de aventuras, que lo llevan a meterse en líos gordos, pero pese a ello logra salir siempre ileso… Aquí me detengo, porque ¿qué es lo que hace especial a este personaje? ¿Qué tenía este niñito de Mark Twain que le ayudó a convertirse en un clásico de la mayoría de los idiomas? La inocencia escondida detrás de la maldad y la travesía, y esa capacidad de “querer comerse el mundo y no parar hasta conseguirlo”. Todo esto lo vuelven único, entrañable y hace que todos queramos leerlo. Además, en esta obra, Twain logra caracterizar muy bien la sociedad burguesa enfrentada con la clase baja de ese entonces y este libro sirve mucho para entender la estructura social de esa región de Estados Unidos.
Estas son sólo tres de las infinitas obras consideradas clásicas, tan sólo las he querido nombrar para describir los tres elementos fundamentales que deben contener las obras clásicas para permanecer, para convertirse en obras maestras: una cuota de demencia o irracionalidad, una fuerte convicción y empeño por conseguir un cambio social, e inocencia para llegar a cautivar al lector.
Los clásicos y las ideas renovadas
Por otro lado, cabe mencionar que la mayoría de las historias clásicas, que son consideradas obras magnas, no hablan de patriotismo y de otros ismos; al revés, intentan mostrar una visión más amplia del mundo y de la vida, llegar a plantear ideas sumamente renovadoras para cualquier tiempo, donde la libertad, el bien común y la tolerancia son las principales protagonistas. Es aquí donde me atrevo a afirmar que ninguna obra clásica pudo ser considerada una buena obra en su época, puesto que los seres humanos no sabemos apreciar lo verdadero en su justo momento, sino cuando ya ha ocurrido.
Es interesante quedarnos con este aspecto de las obras que han trascendido a los tiempos, para descubrir definitivamente que los grandes pensadores, los escritores apasionados y los artistas que han hecho historia son aquellos que han sabido aportar una idea renovada de la existencia; controversial en la mayoría de los casos, aunque ahora podamos entenderlas como “obvias”, y sobre todo que se han jugado por sus ideales pese a tener que ser tildados de locos. Tal es el caso de Tolstói, que renunció a todos sus bienes para ofrecérselos a los campesinos que habían trabajado en la finca de su padre desde que él era niño, que murió en una estación de tren y que su propia familia declaró de demente tan sólo por eso, por creer en algo diferente y por luchar por esas ideas. Cabe aclarar que fue Lev Tolstói uno de los primeros veganos que vio la historia./Téxil Gardey/LIVDUCA

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El misterio de los clásicos imperecederos – Honor a las buenas lecturas!!








A lo largo del tiempo una de las cosas que se mantiene son las buenas lecturas. Esas obras escritas hace cientos de años y que todavía al día de hoy llenan las bibliotecas y cautivan a miles de lectores de todas las edades.

Pero ¿qué es lo que tienen las obras clásicas que las hace permanecer indelebles al paso del tiempo? ¿Por qué ciertas historias continúan siendo leídas con la misma intensidad hoy en día que hace siglos? Pueden existir muchas respuestas para estas preguntas y en este breve artículo intentaré explayarme sobren algunas de ellas.

Fundamentos de una obra clásica

Para que una obra sea clásica debe reunir ciertas características, como trascender en el tiempo, llevar un mensaje que pueda afectar a diferentes culturas de las que provenga y contener una historia fundamental que pueda servir para plasmar la esencia de una sociedad entera, de un grupo selecto o de alguien que vive inmerso en una vida social característica.

Entre las lecturas clásicas que más destacan se encuentran los escritores de la antigüedad, cuyos nombres fundamentales son Dostoyevski, Tolstói, Proust y Flaubert, entre otros. ¿Por qué aún al día de hoy estos escritores son leídos? Principalmente porque supieron escribir acerca de su tiempo, de los conflictos sociales del siglo en que habitaron y plasmar en una historia las contradicciones yacentes en su entorno social. De todas formas no es esta la única razón por la cual al día de hoy continuamos leyéndolos, además lo hacemos porque sus pensamientos pueden ser tan válidos en nuestro tiempo como lo fueron en el suyo y porque sus obras iluminan nuestra realidad social y política, muchos siglos después de haber sido escritas.

En este punto desearía detenerme y decir que considero que es ahí donde reside el verdadero secreto de las obras clásicas, de su permanencia a lo largo del tiempo, en la capacidad de permanecer inherentes al paso del tiempo, de ser siempre actuales, aunque su estilo literario ya se encuentre en desuso y ciertas cuestiones ya hayan caducado.

¿Qué tienen en común Don Quijote, Robin Hood y Tom Sayer?

Don Quijote, ese personaje loco, descarriado y tan entrañable continúa estando en nuestras librerías, poblando nuestras bibliotecas gracias a su esencia. Porque con él Cervantes consiguió pintar el alma de los artistas, bohemios, soñadores y capaces de darlo todo por un sueño.

En este personaje muchos podemos sentirnos identificados, hemos sido capaces de acercarnos a La Mancha y deseado conocerla y pisarla, así como también nos hemos sabido acercar a lo profundo de las cosas, intentando encontrar el sentido de lo verdadero, que lejos está de lo que el mundo propone. Don Quijote permanece porque su locura es el ingrediente que lo vuelve clásico y que permite que continúe vivo varios siglos después.

Robin Hood es otro personaje antiguo que continúa siendo relevante hoy en día. Su pasión por la justicia considero que es el elemento que lo ha vuelto famoso y que le permite continuar en su mejor auge. Un hombre capaz de dejarlo todo en pos de la lucha por la igualdad, por el reinado del bien sobre el mal y la corrupción de los políticos. Sin lugar a dudas, gracias a esa característica, de luchador desinteresado por el bien común, continuamos hablando de él, y leyendo acerca de sus historias.

Continuando con la lista podemos nombrar a Tom Sawyer, un chico huérfano que vive un sin fin de aventuras, que lo llevan a meterse en líos gordos, pero pese a ello logra salir siempre ileso… Aquí me detengo, porque ¿qué es lo que hace especial a este personaje? ¿Qué tenía este niñito de Mark Twain que le ayudó a convertirse en un clásico de la mayoría de los idiomas? La inocencia escondida detrás de la maldad y la travesía, y esa capacidad de “querer comerse el mundo y no parar hasta conseguirlo”. Todo esto lo vuelven único, entrañable y hace que todos queramos leerlo. Además, en esta obra, Twain logra caracterizar muy bien la sociedad burguesa enfrentada con la clase baja de ese entonces y este libro sirve mucho para entender la estructura social de esa región de Estados Unidos.

Estas son sólo tres de las infinitas obras consideradas clásicas, tan sólo las he querido nombrar para describir los tres elementos fundamentales que deben contener las obras clásicas para permanecer, para convertirse en obras maestras: una cuota de demencia o irracionalidad, una fuerte convicción y empeño por conseguir un cambio social, e inocencia para llegar a cautivar al lector.

Los clásicos y las ideas renovadas

Por otro lado, cabe mencionar que la mayoría de las historias clásicas, que son consideradas obras magnas, no hablan de patriotismo y de otros ismos; al revés, intentan mostrar una visión más amplia del mundo y de la vida, llegar a plantear ideas sumamente renovadoras para cualquier tiempo, donde la libertad, el bien común y la tolerancia son las principales protagonistas. Es aquí donde me atrevo a afirmar que ninguna obra clásica pudo ser considerada una buena obra en su época, puesto que los seres humanos no sabemos apreciar lo verdadero en su justo momento, sino cuando ya ha ocurrido.

Es interesante quedarnos con este aspecto de las obras que han trascendido a los tiempos, para descubrir definitivamente que los grandes pensadores, los escritores apasionados y los artistas que han hecho historia son aquellos que han sabido aportar una idea renovada de la existencia; controversial en la mayoría de los casos, aunque ahora podamos entenderlas como “obvias”, y sobre todo que se han jugado por sus ideales pese a tener que ser tildados de locos. Tal es el caso de Tolstói, que renunció a todos sus bienes para ofrecérselos a los campesinos que habían trabajado en la finca de su padre desde que él era niño, que murió en una estación de tren y que su propia familia declaró de demente tan sólo por eso, por creer en algo diferente y por luchar por esas ideas. Cabe aclarar que fue Lev Tolstói uno de los primeros veganos que vio la historia./Téxil Gardey/LIVDUCA

miércoles, 3 de agosto de 2011

Funesta fuente de inspiración para insignes literatos: La Guerra.







Pese a encontrarnos en el siglo XXI, aún al día de hoy la palabra guerra, relacionada o no con la historia, invade los periódicos de todo el mundo y también las librerías.








La guerra es una de las temáticas que aparece insaciablemente en la literatura. Posiblemente, esto se deba a que en la historia de la humanidad esa palabra, guerra, es la que más estragos ha hecho en la vida de las sociedades; ha terminado con comunidades enteras y ha sembrado el pánico en cientos de otras.

Libros de otras épocas de guerra

La Iliada” de Homero, es posiblemente el primer título que se nos viene a la mente a la hora de hablar de conflictos bélicos. En ella se describe la guerra de Troya, cuando los aqueos invadieron la tierra de los troyanos, destruyendo gran parte del territorio y saqueando la ciudad de las formas más cruentas. Está escrito en forma de oda y desgraciadamente, puede describir lo que la guerra significa para nuestro mundo hoy en día.

Guerra y Paz” de Tolstói, es sin duda una de las obras de los clásicos rusos más emblemarias en lo que a guerra y destrucción respecta, narra la invasión de Napoleón a Rusia y la catástrofe en la vida del príncipe Andrei Volkonsky, cuya responsable es la guerra. Su marcha al campo de batalla, que lo hacen perder lentamente toda su vida anterior, su familia, su tranquilidad y lo devuelven cargado de dilemas existenciales y políticos que hacen que su vida nunca más pueda ser lo que era. Tolstói es seguramente uno de los escritores más pacifistas de su época, y en esta obra puede notarse su desprecio por la guerra y por las formas en las que el ser humano cree que deben hacerse las cosas.

Vida y Destino” de Vasili Grossman, narra la batalla de Stalingrado, desde la visión de una familia que sufre sus consecuencias. Cuenta cómo son llevados algunos de sus miembros a campos de trabajo y otros a luchar en la batalla, fracturándose la familia. En esta obra se muestra el miserable trato que en esta época se daba a las mujeres y a los niños, y es una cruda visión de lo terrible que puede ser la ira y el odio para las sociedades.

Autores contemporáneos buscando la paz

Existen miles de libros que tratan sobre la guerra, y en la mayoría de ellos el tema central es la búsqueda de la paz; son gritos ahogados que suplican porque cesen los disparos y la violencia en el mundo. Son muchas las novelas actuales que merecen ser destacadas, sin embargo nombraré sólo tres que sí o sí debemos leer.

Los soldados lloran de noche” de Ana María Matute, una obra que sin duda les hará llorar. Se encuentra enmarcada a finales de la Guerra Civil Española y muestra las muchas consecuencias que puede tener una mínima palabra u acción para desencadenar el caos en la vida. Es una obra escrita con mucha corrección y que hace notar la preciosa lírica de la Matute, permitiéndonos acercar a esa parte de la guerra que no aparece en los libros de historia, esa parte íntima, infranqueable que es el universo de los que realmente han tenido que padecer sus consecuencias.

Otro autor indiscutible, a la hora de hablar de escritores pacifistas, es Amos Oz, un hombre nacido en Israel que ha trabajado, y continúa haciéndolo, por el cese de la guerra en su tierra. En cualquiera de sus obras podrás encontrarte con un mundo asediado por la guerra y las malas decisiones políticas, que llevan a que la mayoría de sus ciudadanos deban soportar terribles aflicciones; sin embargo, seguramente la novela por excelencia de Amos es “Una historia de amor y oscuridad”. Lo que más impresiona de esta novela es que se trata de una autobiografía que muestra los orígenes de la familia de Amos Oz. Con un increíble talento Amos detalla la desastrosa relación de sus padres, la muerte de su madre cuando él era pequeño y nos regala un cuadro impresionante de la Jerusalén y el Tel Aviv de aquel entonces (entre los años treinta y cincuenta).

El autor va mostrando más de 100 años de historia familiar, entrelazándose presente y pasado y ofreciendo una obra primorosa, triste, dolorosa y llena de los dos ingredientes tan nombrados en la guerra: el amor y el odio. Según lo expresó el crítico de Babelia, José María Guelbenzu: “Este libro es un ejemplo de autobiografía bien narrada. Una obra inmersa en el deseo de vivir y de ser, gratificante, emocionante e inteligente.”

Herta Müller es otra de las autoras de novelas que tratan sobre guerra y conflictos similares. Esta autora destaca por sus relatos acerca de las duras condiciones de vida en Rumania, durante el régimen comunista de Nicolae Ceausescu, donde ha denunciado las injusticias que ha sufrido y ha visto sufrir a compatriotas, amigos y familiares suyos durante esta época tan dramática en su país.

En su obra “El hombre es un gran faisán en el mundo”, narra la vida de las familias alemanas, mientras esperan salir de Rumania para escapar de la tiranía que la dictadura de Nicolae Ceausescu imprime sobre ellos. Oprimidos no sólo por la pobreza reinante, en las puertas de la Primera Guerra Mundial, sino por lo que las injusticias del régimen les causan.

Es una triste pintura que muestra lo que los enfrentamientos bélicos causan sobre las sociedades, y sobre todo por las clases más desfavorecidas. A través de esta lectura podemos encontrarnos con las consecuencias más terribles de la guerra: el empobrecimiento extremo y el aumento del analfabetismo, ligado a la naturaleza humana ruin y vil de las clases dirigentes.

Leer acerca de la guerra no sólo puede ayudarnos a comprender más por qué el mundo se encuentra tan dividido, sino que además puede demostrarnos que el único camino posible para que reine la armonía en el mundo es la paz, y que no hay otra forma para conseguirla que a través del diálogo, como no cesa de afirmarlo Fima, el personaje de “Fima”, otra de las obras de Amos Oz, que más que una novela es un tratado de paz./Poemas del alma/LIVDUCA