Los 10 escritores imprescindibles de la literatura rusa










Espacio destinado a la novela, ensayo, cuento, relato, poemas de ayer y de hoy.











Aprovechar el éxito ajeno
para parodiar una obra, no es ético, sin embargo y pese a protestas y críticas
variadas, esta actividad es considerada casi un sub-género literario por su
cotidianidad perniciosa.
Si tuviéramos que hacer
recuento de todos esos géneros que podrían considerarse parásitos, es decir,
todos aquellos que se aprovechan del éxito de determinados temas para vender
unos cuantos ejemplares, la lista sería larga sin duda. Desde manuales
esotéricos que se mueven en el farragoso terreno entre lo científico y lo
inventado; libros de dietas o de autoayuda que vomitan datos recopilados de
otros mil libros de dietas o autoayuda; libros rápidos inspirados por el
superventas más reciente; o extensas autobiografías de personas que jamás han
escrito más de tres palabras seguidas; todo nos indica que el mundo del libro
no es siempre un cúmulo de literatura enriquecedora. Dentro de esta tendencia a
apuntarse a la última moda, produciendo un número determinado de palabras para
enviar a imprenta antes de que el público cambie de foco, aparecen de manera
continua las obras paródicas, aquellas que aprovechan el éxito de un libro para
crear otro muy similar de carácter humorístico.






Ivette Durán Calderón
La poesía ha sido y es tema de estudio y constante preocupación filosófica porque pretende enlazar la cuestión de la autoría con la creación artística y encontrar el punto de unión o separación entre lo que la obra pretende manifestar y aquellos medios de expresión a los que el poeta-artista recurre.
Cuando la poesía ilumina sectores de lo real, oculta otros, permaneciendo siempre la constante necesidad de creación de caminos explicativos sobre lo real. En esta producción de claro –oscuros, a decir de Carmen Romano Rodríguez, “es posible notar que “algo” ha quedado a oscuras (por su ausencia como en los huecos de un rompecabezas o puzzle), o bien como diría Ortega – cuando al notar su ausencia lo extrañamos-“, un “algo” que, dando sentido y unidad a la cosa, no ha sido comprendido –iluminado- en su radicalidad absoluta, del cual, sin embargo, se tiene una cierta experiencia. Opinión de los filósofos: – Precomprensión- diría el alemán Martin. Heidegger. –Vital- diría José Ortega y Gasset. – Una percepción diría el francés Maurice Merleau-Ponty.
En el lenguaje poético, en la poesía ese “algo” permanece como un candil que al iluminar, despeja sombras; porque la poesía continúa diciendo Paz “…designa algo que está más allá de la realidad que la origina, algo nuevo y distinto que los términos que la componen”.
El hombre crea mundos a través de la pluma y su pensamiento, los transmite a través de la palabra oral o escrita y en palabras de Heidegger: “ El habla no es un instrumento disponible, sino aquel acontecimiento que dispone la más alta posibilidad de ser hombre” (refiriéndose al ser humano, hombre o mujer).
No nos referimos solamente a la correcta construcción discursiva, sino a todo lo que tiene que ver con la dimensión ontológica del lenguaje y sus alusiones. Alusiones en las que nos sumerge la poesía, porque va más allá del lenguaje artificial, ya que antes de aclararnos las ideas, la poesía abre las dimensiones del ser de lo real.
En palabras de Heidegger, “ la poesía no es un adorno que acompaña la existencia, ni sólo una pasajera exaltación ni un acaloramiento y diversión””Es ante todo una experiencia estética en palabras de Adorno”.
Pues bien, ratificando el pensar de Romano Rodríguez “la evidencia concreta de la poesía son los poemas” en la apertura lograda por los poemas, la apertura filosófica también encuentra su nutriente fundamental, la luminosidad de su ultimidad más radical.
Deshaced ese verso (fragmentos)
(León Felipe) Felipe Camino Galicia de la Rosa (España, 1884-1968)
"Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso, es la poesía….”
El término poesía metafísica se aplica descriptivamente a un tipo de poesía que se ejemplifica en la obra de John Donne y otros poetas ingleses contemporáneos, conocidos así como “Los Poetas Metafísicos”. Este género fue cultivado en la Europa del siglo XVII, por lo que está incluido dentro del periodo barroco. Varios poemas de Francisco de Quevedo se consideran ejemplos de este tipo de poesía dentro de la literatura española.
La poesía metafísica surge de la necesidad de expresar las paradójicas cualidades de la experiencia humana, esto es, lo contradictorio, lo irremisiblemente opuesto tanto en la naturaleza humana como en la vida cotidiana; lo transitorio de la pasión amorosa; la dualidad alma-cuerpo; etc. Esta poesía se caracteriza por la mezcla de pasión y pensamiento, de sentimiento y raciocinio, y en ella el pensamiento se convierte en una experiencia que modifica la sensibilidad. Es una especialidad que algunos comparan con la poesía conceptista del Siglo de Oro español.
En la poesía metafísica el impulso poético inicial es la preocupación del poeta por los problemas metafísicos, que son entrevistos en cualquier aspecto de la vida cotidiana; lo que es relevante en esta poesía no es el tema sino la manera de enfocarlo.
Los temas propiamente metafísicos son, fundamentalmente, la unión del espíritu y el cuerpo, el misterio de la unión de dos seres por el amor y la contingencia del hombre unida a su inmortalidad.
La crítica que originalmente abordó la descripción de este tipo de poesía (James Smith, Herbert J.C. Grierson y T.S. Eliot) subrayó que no debía confundirse con la poesía filosófica, caracterizada únicamente por la meditación sobre temas filosóficos.
El doctor Samuel Johnson llamó en el siglo XVIII metaphysical poetry o poesía metafísica a la practicada por un grupo de poetas ingleses barrocos del XVII que se singularizaban por practicar una poesía meditativa y filosófica sobre los problemas de la muerte, el tiempo, Dios y el amor, y entre los que destacaban especialmente John Donne (1573-1631), George Herbert, Richard Crashaw, Andrew Marvell, Henry Vaughan y Thomas Traherne.
Los méritos intrínsecos de esta lírica fueron reivindicados en tiempos modernos por los trabajos críticos de Herbert J. C. Grierson y T. S. Eliot. En 1948 fue traducida al español por vez primera una primera antología de metafísicos ingleses, revisada y algo ampliada en 1970 por Barral Editores. Este grupo de poetas influyó en las plumas españolas de Luis Cernuda o José Ángel Valente. Compartían un interés común en ciertos temas metafísicos y un enfoque similar al abordarlos. Sus versos rigurosos y energéticos se orientaban más a capturar la razón que las emociones, descartando la intuición y el misticismo en favor de la discusión racional.
Los poetas metafísicos más reconocidos fueron: John Donne, George Herbert, Andrew Marvell, San Robert Southwell, Thomas Traherne, Henry Vaughan, Filan (Jonathan mar De Santiago Flores). En un segundo grupo tenemos a: Thomas Carew, Abraham Cowley, Richard Crashaw, Edward Herbert, Richard Lovelace, Katherine Philips, Sir John Suckling, Richard Leigh
Fue Samuel Johnson, el primero en denominarlos “poetas metafísicos” en su Lives of the Poets (1744), aunque John Dryden ya había señalado, cincuenta años antes, la "metafísica" presente en la poesía de Donne. El grupo llegó a tener una marcada influencia en la poesía del siglo XX, a través de la obra de T.S Eliot, The Metaphysical Poets (1921).
Éxtasis (fragmentos)
John Donne (1573-1631)
…“Si alguien, tan refinado en el amor
que comprenda el lenguaje de las almas,
y que por el buen amor se hiciera todo espíritu
se detuviera a distancia conveniente,
podría (aún sin saber qué alma hablaba,
porque ambas decían, ambas significaban lo mismo)
hallar un nuevo elixir
y partir más puro que cuando aquí llegó”…
Holy Sonnets: I
Thou hast made me, And shall thy worke decay?
Repaire me now, for now mine end doth haste,
I runne to death, and death meets me as fast,
And all my pleasures are Iike yesterday;
I daré not move my dimme eyes any way,
Despaire behind, and death before doth cast
Such terrour, and my feeble flesh doth waste
By sinne in it, which it t'wards hell doth weigh;
Onely thou art above, and when towards thee
By thy leave I can looke, I rise againe;
But our oíd subtle foe so tempteth me,
That not one houre my selfe I can sustaine;
Thy Grace may wing me to prevent his art,
And thou like Adamant draw mine iron heart
Sonetos sacros: I
Tú me has hecho, ¿y tendrá tu obra que decaer?
Repárame ahora, pues ahora mi fin se apresura.
Corro hacia la muerte y la muerte me encuentra con igual premura,
y todos mis placeres son como el ayer.
No oso mis débiles ojos en dirección alguna mover,
la desesperación detrás y la muerte delante producen
tal terror, y mis débiles carnes se consumen
por el pecado en ellas, que hacia el averno las hace caer.
Sólo Tú estás arriba y cuando hacia Ti
con tu licencia puedo mirar, otra vez puedo levantarme;
pero nuestro sutil enemigo tanto me tienta a mí
que ni una hora puedo sustentarme.
Tu Gracia puede darme alas para evitar su arte
y Tú, cual imán, puedes mi corazón de hierro llevarte.
Fuente: Grafilia/ Wikipedia/Biografías célebres/ Poems by Donne and Keon/Arch. Privado Durán-Capel

Del francés Les Poètes maudits, (Los poetas malditos), es un libro de ensayos del poeta francés Paul Verlaine publicado por primera vez en 1884, y luego en una versión aumentada y definitiva en 1888.
En esta obra se honra a seis poetas: Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L'Isle-Adam y Pobre Lelian ("Pauvre Lelian" en el original francés, anagrama del propio Paul Verlaine). Los comentarios de los autores que dio Verlaine, quien conoció personalmente a la mayoría, tratan sobre el estilo de su poesía y de anécdotas personales vividas con ellos.
Verlaine expuso que dentro de su individual y única forma, el genio de cada uno de ellos había sido también su maldición, alejándolos del resto de personas y llevándolos de esta forma a acoger el hermetismo y la idiosincrasia como formas de escritura. También fueron retratados como desiguales respecto a la sociedad, teniendo vidas trágicas y entregados con frecuencia a tendencias autodestructivas; todo esto como consecuencia de sus dones literarios.
El concepto de Verlaine acerca poeta maldito, fue en parte tomado del poema de Baudelaire llamado Bendición, que inicia su libro Las flores del mal. El uso de esta expresión y del término malditismo se generalizó luego para referirse a cualquier poeta (o a un escritor de otros géneros o incluso a un artista plástico) que, independientemente de su talento, es incomprendido por sus contemporáneos y no obtiene el éxito en vida; especialmente para los que llevan una vida bohemia, rechazan las normas establecidas (tanto las reglas del arte como los convencionalismos sociales) y que desarrollan un arte libre o provocativo.
Entre los literatos que han recibido el calificativo de malditos estarían también, aparte de Verlaine y de su grupo, escritores como Charles Baudelaire, Thomas Chatterton, Aloysius Bertrand, Gérard de Nerval, el conde de Lautréamont, Petrus Borel, Charles Cros, Germain Nouveau, Antonin Artaud, Émile Nelligan, Armand Robin, Olivier Larronde, Innokienti Ánnienski, John Keats, Edgar Allan Poe y de manera especial François Villon.
El rótulo de “poeta maldito” posiblemente se haya inventado para Francois Villon, de no ser así igualmente lo merecería y éste a su vez respondería con sonrisa socarrona y soslayada mirada.
Pícaro, vagabundo, escandaloso, chocante, provocador, implacable, sarcástico, irónico, bufón, maravilloso, maldito, satírico e inmisericorde con sus enemigos. Todos éstos son algunos de los epítetos y calificativos que han servido para identificar al poeta y su poesía, a François Villón, héroe o antihéroe según el juicio de cada quién. Venido al mundo en el año de nuestro señor 1431 en La Francia medieval, como François de Montcorbier, se hace bachiller en artes y más tarde licenciado en la universidad de París, gracias al cuidado de su amigo y protector Guillaume Villón, clérigo y capellán de Saint-Benoit le Bétourné, quien le da su apoyo y le empuja en los estudios eclesiásticos, quizás adivinando el carácter poco prometedor del joven con la esperanza de cambiarlo. Intento infructuoso. Ya clérigo y maestro del Buen Decir (poeta de bellaquerías), les recita (pues esta forma poética, el Dit, no se cantaba, se decía), a los chulos y prostitutas, con quienes se junta frecuentemente; se refiere con frecuencia al pedo y a las tetas. Recita a príncipes y a taberneros, a curas y vasallos, a barberos y a zapateros. Poeta de los desarrapados y provocador de los burgueses, de igual modo escribe sobre las bajas pasiones de unos y otros.
Por la originalidad de su poesía y su extraordinario poder evocativo, es considerado por muchos eruditos, el poeta lírico más afamado de Francia, aunque su perfil aventurero le hiciera tomar como armas fundamentales: su ingenio y procacidad.
Cuarteta:
"Yo soy François, lo cual me pesa,
nacido en París, de Pontoise cerca,
en el extremo de una soga tensa,
¿sabrá mi cuello cuánto mi culo pesa?"
Escribía sobre sí mismo con inusual franqueza y autocrítica, pero cometió el error de aplicar a los demás la misma receta, especialmente a los poderosos.
Aunque parezcan estrafalarios, los hechos descritos en su obra son verídicos. Conocía la muerte de cerca, de la cual escapó en más de una ocasión. Acusado de crímenes a veces con razón, y otras, las más, injustamente, así fue condenado a la horca por la muerte de un noble. Se dice que simplemente estaba en el lugar y el momento equivocados y que se le acusó por sus antecedentes. El rey Luis XI le concedió el perdón. Posteriormente fue desterrado por diez años, durante los cuales se le perdió el rastro para siempre.
Se desconoce cuándo dejó este mundo pues su nombre ya no se escucha y se pierde en la historia alrededor del 1470. Su poesía podrá gustar, escandalizar, provocar risa o llanto, pero nunca nos dejará indiferentes.
Su obra poética fue absolutamente indisociable de su vida y nos dejó muchas obras, entre las cuales destacan: Balada de las lenguas envidiosas (1445), La Balada de los ahorcados (1463), El Legado (1446), El Testamento (1461), escritas en francés medio y germania (jerga usada por presos y criminales) siendo esta última de muy difícil traducción y de dudoso valor poético. Voluntariamente descartó el latín para escribir, pese a dominar el idioma.
BALADA DE LAS LENGUAS ENVIDIOSAS
En una mezcla de arsénico de roca;
en trisulfuro, en salitre y cal viva;
en plomo hirviendo, para consumirlas mejor;
en hollín y pez empapados de lejía
hecha de excrementos y orines de judía;
en agua que ha lavado las piernas de leprosos;
en raspaduras de pies y calzados viejos;
en sangre de culebra y en drogas venenosas;
en hiel de lobo, de zorro y de tejón,
¡sean fritas esas lenguas envidiosas!
En sesos de gato que odia pescar,
negro, tan viejo que no tenga un diente en las encías;
de un viejo mastín, que vale igual de caro,
rabioso, en la baba y saliva;
en la espuma de una mula asmática
bien troceada con buenas tijeras;
en agua en que las ratas zambullen hocicos,
igual que ranas, sapos y alimañas peligrosas,
serpientes, lagartos y otros nobles pájaros,
¡sean fritas esas lenguas envidiosas!
En sublimado, peligroso de tocar;
y sobre el ombligo de una culebra viva;
en sangre que se ve seca en las vasijas
de los barberos, cuando llega la luna llena
y que una parte es negra, y la otra, verde cebollino;
en pupas y tumores y en los sucios lebrillos
donde las nodrizas aclaran sus paños;
en los enjuagues de muchachas amorosas
(quien no me entiende no ha visto burdeles),
¡sean fritas esas lenguas envidiosas!
¡Príncipe! coloca esos sabrosos trozos sin hueso,
si no tienes estameña, saco o tamiz,
hazlo en el fondo de unas bragas sucias;
pero antes... en excremento de cerdo,
¡sean fritas esas lenguas envidiosas!
.Fuente: Longseller/wikipedia/Arch. Priv. Durán-Capel/LIVDUCA