miércoles, 6 de abril de 2011

Cómo triunfa un libro


Historia de cómo triunfa un libro

¿Se puede decir que ‘Hamlet’ es una porquería sin parecer un ignorante?, algunos de vosotros me comentabais que si una obra ha alcanzado la inmortalidad es porque deberá tener cualidades inherentes indiscutibles.

Hay estupendos libros que explican los entresijos de cómo algo se acaba considerando universalmente bueno. Pero como no quiero aburriros (y tampoco dispongo de demasiado espacio), sencillamente os contaré una historia.

Voy a hablaros de un escritor ruso que hace tan sólo 5 años era un don nadie. Su nombre es Keko Vid, y era un novelista prácticamente desconocido y sin ninguna obra publicada. Durante años estuvo escribiendo laboriosamente ocho historias que eran disquiciones filosóficas acerca de las ocho formas más recurrentes en la naturaleza; un libro por forma que, intersectados como muñecas rusas, dibujaban la forma octaédrica de los cristales naturales, una octava de una armonía pitagórica, una Tabla Periódica de ocho elementos.

Las historias no eran fáciles de leer, transcribía los diálogos extranjeros en la lengua original, con la traducción a modo de subtítulos. Algunas páginas tenían mil letras y otras, sólo una o dos. Había momentos consagrados a la escatología, otros a la filosofía alemana más hermética. Mezclaba el humor más bizarre con el drama más lacrimógeno.

Todos los editores, obviamente, desdeñaron aquellos manuscritos. Recibió innumerables cartas de rechazo, incluso algunas muy alentadoras que confiaban en su potencial, siempre y cuando intentara escribir algo más accesible para el gran público, y sobre todo, sin mezclar idiomas. A veces le formulaban preguntas que Keko Vid nunca se había planteado respecto a su iconoclasta obra. ¿Es ficción o no ficción? ¿A qué tipo de público está dirigida? ¿Son memorias? Keko Vid no tenía la menor idea. Un editor, viéndole tan ingenuo, incluso le recomendó en un correo electrónico que reflexionara sobre lo siguiente: “los aficionados escriben para sí mismos, los profesionales lo hacen para los demás”.

Keko Vid quería publicar su obra y que los demás la leyeran, pero lo que no podía plantearse siquiera era escribir algo que los demás quisieran, necesitaran o pudieran digerir. Esas preguntas, sostenía utópicamente, no deberían interferir en su labor literaria. No creía conveniente que su obra tuviera que adscribirse a un género concreto para que los libreros supieran situarle en una demarcación concreta de la librería. Sus amigos y familiares, viendo que no cejaba en su empeño, le recomendaron que se autoeditara; después de todo, si lograba salir al mercado con alguna editorial suicida, no vendería más de mil o dos mil ejemplares, lo justo para cubrir la tirada.

Pero Keko Vid no quería autoeditarse porque en realidad no soñaba con ver sus ocho historias en forma de libros, sólo quería publicar porque quería sentir la experiencia de comunicarse con una gran cantidad de lectores desconocidos y esperar sus reacciones. Únicamente las reacciones de los lectores, pues la crítica no le importaba demasiado.

Había acudido a diversos talleres de escritura y no había entendido qué enseñaban en realidad allí: escribir bien parecía ser sinónimo de seguir unas reglas arbitrarias que se daban por intocables. Todos sus compañeros intentaban imitar obras que habían triunfado, sobre todo si habían triunfado frente a la crítica, aunque no vendieran demasiado. Él no pretendía eso. El profesor del taller, entonces, le dijo una frase que mucha gente repite, aunque Keko Vid creía que en realidad nadie había meditado de verdad sobre su significado: “para escribir rompiendo las reglas primero debes conocer las reglas”. A Keko Vid sólo le parecía una frase hecha, como tantas otras que pueblan el acervo cultural y que los loros mediáticos repiten hasta la saciedad. ¿Por qué para hacer lo que quieras primero debes hacer lo que no quieres o lo que quieren los demás? Keko Vid no entendía la razón ni le importaba.

Finalmente, aprovechándose de las nuevas tecnologías, Keko Vid colgó en Internet toda su obra, los ocho volúmenes, bajo una licencia Creative Commons. La mayoría de obras gratuitas y sin existencia física no gozan de demasiada popularidad porque la gente considera que ser aceptado por una editorial es como superar una criba. Keko Vid descubrió que ser aceptado por la editorial sólo consistía en bajarse los pantalones y dejarse dar por el culo.

Todo y así, su obra encontró en Internet un pequeño nicho de aficionados. El propietario de una pequeña editorial, que se consideraba a sí mismo muy moderno y visionario, y que solía editar volúmenes raros simplemente para llevarse a la cama a chicas raras dispuestas a cumplir todos sus deseos en la cama, se percató del pequeño éxito de esos ocho volúmenes contestatarios. Le propuso a Keko Vid un contrato de edición, aceptando su condición sine qua non: no cambiar ni una sola letra de su obra. Keko Vid aceptó, pues no tenía nada que perder.

Por una desconocida sinergia que los expertos en marketing llaman “bola de nieve” y “recursividad memética” (aunque en el fondo no tienen ni idea de cómo se produce el fenómeno), la obra de Keko Vida se convirtió en uno de los más extraños éxitos de la literatura. En pocos años, el raro, testarudo y aburridísimo Keko Vid, sin target, sin saber si era ficción o no lo que escribía, sin concesiones al lector o a la crítica… pasó a ser el perseverante, el luchador, el independiente, el original y rompedor Keko Vid. Se vendieron millones de ejemplares y recibió toda clase de elogios de la crítica más refinada.

Incluso su forma de escribir inició una corriente literaria de nombre bastante extraño que empezó a estudiarse en muchas universidades y talleres literarios, donde los avezados aspirantes a escritor intentaban imitar sus historias. Ahora muchos teóricos dicen que a los lectores no hay que consentirles sus caprichos, y que uno debe escribir lo que brote de su inspiración desatada, sin corsés ni lógicas ni reglas que deben seguirse para luego subvertir. Las editoriales que antaño le habían rechazado, ahora querían volver a editar su obra en una mayor tirada y más cuidada edición. Incluso le propusieron un contrato por obras que aún ni siquiera había escrito.

Muchos estudiosos, en la actualidad, consideran que una figura como Keko Vid era un icono imprescindible para el avance de la historia del arte. Creen que su estilo ha sido influenciado por dos o tres autores universales que, curiosamente, Keko Vid nunca ha leído. A posteriori, todo el mundo parecía comprender que el éxito y el talento de Keko Vid eran obvios. Era algo que tenía que pasar, algo que el mundo necesitaba. Sin embargo, a priori ningún editor se había percatado de todos esos méritos que ahora se decía que Keko Vid poseía.

Ahora Keko Vid hace lo que quiere. Y la gente aplaude.

Por cierto, no busquéis Keko Vid en el Google. La historia de Keko Vid es ficticia (y está inspirada en la teoría de la improbabilidad de El Cisne Negro, de Nassim Nicholas Taleb), pero lo es en lo sustancial, como uno descubrirá a poco que investigue los entresijos de la formación de las corrientes artísticas y los fundamentos neurobiológicos de la belleza./Por: Sergio Parra/LIVDUCA

domingo, 3 de abril de 2011

Nuevo libro sobre Ernesto "Che" Guevara


Ernesto “Che” Guevara es uno de los iconos más emblemáticos del siglo XX, y una de las personas que más literatura ha generado. En el buen y el mal sentido: para la izquierda internacional es una figura esencial de los movimientos revolucionarios; para la derecha, un personaje injustamente considerado héroe. Es muy difícil ser objetivo con el Che, el término medio no existe: o se le ama o se le odia. Por supuesto, podemos disentir en cómo ha sido utilizado su legado después de muerto, no me refiero a eso: es lícito preguntarse hasta qué punto el gobierno cubano se ha beneficiado de la épica de su historia personal, hasta qué punto esta historia es verdadera y, desde luego, cómo podemos aceptar que un símbolo marxista haya devenido en prácticamente un señuelo comercial que ha hecho ganar millones a empresarios de todo el mundo. Camisetas, pegatinas, pines… la imagen de Ernesto Guevara es rentablemente usada por cientos de visionarios que pronto comprendieron que su mítica personalidad vendía. Mucho. Lo mejor de los mitos, al menos para el libre mercado y sus depredadores, es que mueran pronto. Si, encima, no dejan bien atados sus derechos de imagen, mejor que mejor: Michael Jackson, Kurt Cobain o Jim Morrison deberían haber sido guerrilleros y no músicos.

El Che Guevara vende, está claro, y los libros son un producto comercial que busca ser rentable. Sumando dos y dos podemos adivinar que no hay en el mercado una o dos obras hablando de su vida y milagros, precisamente. No todas laudatorias, por supuesto, aunque sí la mayoría.

Uno de los libros más interesantes para conocer a este controvertido argentino está firmado por Jon Lee Anderson, y fue publicado en España en 2006 (casi diez años después de que viera la luz en Estados Unidos) bajo el título Che Guevara. Una vida revolucionaria. Esta obra tiene algo de las que el resto carecen, ya que el autor consiguió que la viuda de Guevara, Aleida March, aportara sus impresiones al relato. March siempre ha sido cauta en sus relaciones con la prensa, no queriendo hablar apenas de Guevara, así que Anderson se apuntó un tanto al convencerla para colaborar. El gobierno cubano también abrió sus archivos al escritor estadounidense, que no es precisamente un desconocido: habitual del The New Yorker, ha colaborado activamente con muchas de las publicaciones periódicas más importantes del mundo (podemos citar al Financial Times, New York Times, The Guardian, Harper´s, Time, The Nation, Life, Le Monde, El País o Clarín, entre otras) y ha hecho biografías, más o menos extensas, de personajes como Juan Carlos I, Augusto Pinochet, Fidel Castro, Hugo Chávez o Saddam Hussein (pido encarecidamente que nadie saque conclusiones precipitadas de este listado). El libro, de más de 800 páginas en su edición original, es considerado por la mayor parte de los críticos como la biografía más completa sobre Ernesto Guevara.

Pero no todo son libros de los que el Che salga beneficiado. Por poner un ejemplo hay que mencionar uno muy reciente, publicado por la editora argentina Edivern, titulado El canalla. La verdadera historia del Che Guevara, escrito por Nicolás Márquez, en el que se intenta desmitificar al revolucionario y guerrillero más famoso del siglo pasado. Es una pena, para aportar algo de credibilidad, que Edivern y Márquez no sean conocidos precisamente por su imparcialidad: otro libro del mismo autor y editorial, La mentira oficial, niega tajantemente los asesinatos masivos que las dictaduras militares argentinas de hace treinta años cometieron. Habrá que ser cautos, por tanto, con esta biografía no autorizada de Guevara./ Víctor Miguel Gallardo/LIVDUCA/Lecturalia

sábado, 19 de marzo de 2011

¿Os acordáis de la Triunfo? La tenemos a nuestro alcance en la red




Hablar de la revista Triunfo es hacerlo de una de las publicaciones más importantes de la España franquista, y de una de las que más problemas tuvo con la censura debido a su particular línea editorial. Porque, sobre todo a partir de la década de los 60 (la revista nació en 1946), Triunfo se convirtió en un referente de la España menos conservadora y adicta al Régimen (no me atrevo a llamarla izquierdista, aunque la tentación está ahí). Con un simple vistazo a los nombres de sus colaboradores uno se hace una idea muy aproximada de que Triunfo no podía contar precisamente con el afecto del gobierno de la época. No obstante, y pese a numerosas multas y secuestros de algunos números, sobrevivió a Franco, y no desapareció hasta 1982.

Eduardo Haro Tecglen fue su subdirector, y uno de sus más importantes columnistas, desde 1968 a 1980. Haro Tecglen (1924-2005) fue un republicano convencido que, tras la victoria nacional, tuvo que hacerse pasar por falangista convencido (como él mismo aseguró años después) para poder salvar la vida de su padre. Pero este periodista y escritor pronto se convirtió en uno de los críticos más feroces del franquismo, siempre desde la comedida prudencia que aconsejaba la situación política española de la época. En Triunfo coincidió con Luis Carandell (1929-2002) por primera pero no por última vez (ambos eran colaboradores del programa radiofónico La Ventana, en la cadena SER, hasta poco antes de su muerte), uno de los más lúcidos cronistas del fin de la dictadura y de la transición democrática. Carandell, que fue cronista parlamentario, corresponsal en el extranjero e incluso presentador del telediario de TVE ya en los años 80, es muy conocido por su sección en Triunfo, denominada Celtiberia Show, y que sería recogida a posteriori en volúmenes recopilatorios de gran éxito. Lo que en aquel entonces a Carandell le parecía digno de ser tomado a broma de la España de la época, hoy, cuarenta años después, es simplemente hilarante. Sus recopilaciones, hoy descatalogadas pero aún disponibles en librerías de segunda mano, son imprescindibles para comprender la idiosincrasia de aquellos años.

Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), conocido sobre todo por su personaje Pepe Carvalho, también fue un asiduo de Triunfo en aquellos años, siendo muy populares sus artículos políticos en los que introducía personajes de ficción que daban enfoques novedosos a hechos reales.

Habría que citar a otros conocidos colaboradores: el hispanista Ian Gibson participó, ya a finales de los 70, con varios artículos sobre Federico García Lorca. También en aquella época tardía apareció por primera vez en Triunfo el filósofo Fernando Savater. Fueron también colaboradores el ensayista César Alonso de los Ríos, José Luis Abellán o Diego Galán, entre otros.

La nota curiosa, en referencia a Gibson, fue el ardid que el director de Triunfo, el incombustible José Ángel Ezcurra, ideó en 1971. Aunque la obra de Gibson La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca, publicada, cómo no, por Ruedo Ibérico en Francia, era una obra prohibida en España, Triunfo la nominó para los Premios Internacionales de la Prensa, en los que participaba junto con otras publicaciones como The Observer, Newsweek, L´Espresso, Le Noveul Observateur o Der Spiegel. Gibson ganó el galardón, por cierto.

Desde 2006 se ha ido digitalizando aquel importante semanario, que está ahora disponible en la red para disfrute de todos los que, por edad, no pudimos conocerlo, además de para los nostálgicos que sí pudieron tener en sus manos una de las publicaciones más importantes de la historia del periodismo español./Lecturalia/LIVDUCA

jueves, 24 de febrero de 2011

Sorprende hallazgo de novela desconocida de la escritora inglesa Enid Blyton


El legado de la escritora inglesa Enid Blyton podría llegar a ser un poco más extenso de lo que se creía hasta ahora si se comprueba que la recientemente descubierta “Mr. Tumpy”s Caravan” es una novela de su autoría que jamás había sido mencionada como parte de su obra.

El hallazgo de este material se produjo meses después de que la organización benéfica Seven Stories adquiriera, en el marco de una subasta, una serie de manuscritos de la novelista nacida en Londres el 11 de agosto de 1897.

En un primer momento, los expertos creyeron que “Mr. Tumpy”s Caravan” era una especie de adaptación del libro ilustrado “Mr. Tumpy and his caravan”, pero, según reveló a la prensa Kathryn Row, una de las integrantes de la entidad que posee el relato, al observar el texto con mayor detenimiento notaron que se trataba de un trabajo independiente desarrollado por Enid Blyton.

Quienes analizaron el manuscrito compuesto por alrededor de 200 páginas mecanografiadas, dijo Row, “están bastante seguros de que es una pieza desconocida de su obra”, razón por la cual se decidió hacer público este dato que, sin dudas, entusiasma a los aficionados al mundo de las letras.

Consultada al respecto por la BBC, indican desde Terra, Imogen Smallwood, la hija menor de Blyton, se mostró sorprendida por la posibilidad de que se haya localizado una creación más de su madre y reconoció que “siempre es emocionante descubrir un texto de alguien conocido”.

Para sumar un nuevo indicio del vínculo entre “Mr. Tumpy”s Caravan” y la autora, la mencionada fuente también señaló que, si bien la novela no está fechada, en una de sus páginas figura “Old Thatch, Bourne End, Buckinghamshire”, una dirección que, de acuerdo a las precisiones que se tienen sobre la vida de Enid, corresponde al domicilio que ella tuvo hasta 1938.

Ojalá, pues, en poco tiempo más se logre tener la certeza de haber rescatado del olvido uno de los tantos títulos que surgieron de la imaginación de tan talentosa exponente del universo literario./Juliaán Pérez Porto/LIVDUCA

martes, 22 de febrero de 2011

'El cuaderno invisible', de Daniyal Mueenuddin ofrece una visión del Pakistán desconocido


Este libro remonta automáticamente a Algo alrededor de tu cuello, de Chimamanda Ngozi Adichie. Y no sólo porque El cuaderno invisible sea un libro de relatos, también porque su autor, Daniyal Mueenuddin, relata la faceta desconocida de Pakistán, otro país completamente olvidado para nuestra literatura. Lo edita Lumen.

Todos los relatos de ‘El cuaderno invisible’ tienen una vinculación con un personaje clave del libro, el dueño de una antigua propiedad familiar en la frontera entre India y Pakistán. Así, desfilan a sirvientes, familiares y allegados con un hilo conductor que serpentea igual que un río. Del político que enferma y busca a quien le sustituya hasta la camarera que da sus favores sexuales para prosperar, pasando por el padre de doce hijas y un sólo varón dispuesto a todo por su motocicleta. Pakistán emerge así como un territorio mágico, mostrándonos la vida tal y como la sienten sus habitantes, alejándose del exotismo y centrándose en la calidad humana de sus protagonistas.

Daniyal Mueenuddin nació en Lahore en 1963, pero poco tiempo después se mudaría a Estados Unidos. ‘El cuaderno invisible’ es su primer libro y ya ha arrasado con la crítica, llegando el mismísimo Salman Rushdie a elogiarlo. Como curiosidad . El título en inglés es In other rooms, other wonders./Sarah Manzano/LIVDUCA

miércoles, 16 de febrero de 2011

Después de cien años, se publica libro del escritor norteamericano Mark Twain, alcanzando ventas extraordinarias



Mark Twain, más vivo que nunca cien años después de su muerte

El autor de 'Las aventuras de Huckleberry Finn' impuso un embargo de un siglo a su autobiografía, que aparece ahora

El escritor estadounidense Mark Twain sabía cómo vender un libro y vuelve a demostrarlo cien años después de su muerte con la publicación del primer volumen de su autobiografía, que se ha convertido en un bombazo editorial.

El sello de la Universidad de California, encargado de editar el libro que salió a la venta el 15 de noviembre de 2010 y que sacará otros dos volúmenes autobiográficos de Twain en los próximos años, planeó inicialmente una tirada de 7.500 ejemplares.

Luego de su debut, la obra va ya por su sexta edición, con 275.000 ejemplares en el mercado y demanda para muchos más.

"La verdad es que nos ha sorprendido el interés popular en el libro", dijo Robert Hirst, responsable del equipo de la Universidad de Berkeley en California que custodia los documentos autobiográficos de Twain y que trabajó durante seis años en el primer volumen.

"Esperamos que además de comprarlo lo lean", bromeó Hirst sobre el volumen de más de 700 páginas, que aparecIÓ en el puesto número siete de la lista de super-ventas de no ficción de "The New York Times".

Autor de novelas memorables como "Las aventuras de Huckleberry Finn" (1885), considerada por numerosos críticos como la primera novela de la literatura moderna de EEUU, y famoso por su punzante sentido del humor, Twain impuso un embargo de un siglo a su autobiografía.

"Un libro que no se publica durante un siglo da al escritor una libertad que no podría tener de ninguna otra manera", explicó en una entrevista con el diario británico "London Times" en mayo de 1899.

Twain no quería que sus confesiones hiriesen los sentimientos de ninguno de sus coetáneos y menos aún los de sus posibles descendientes.

Pero a parte de esos motivos, Hirst cree que pudieron existir otros: "Podría ser parte de su plan de marketing", dijo el experto, quien recuerda que antes de acabar su autobiografía Twain publicó pequeñas selecciones en "North American Review", la primera revista literaria del país, fundada en Boston en 1815.

"Y por supuesto cada una de esas selecciones iba precedida de un mensaje que alertaba que se trataba de un extracto y que el texto completo no se podría leer hasta dentro de cien años", añadió Hirst, quien asegura que si hay algo que Twain sabía hacer bien era "vender un libro".

El manuscrito autobiográfico de Twain ronda las 5.000 páginas, aunque muchas están duplicadas y el material utilizable para publicación ronda las 2.500 páginas, con una media de 300 palabras cada una.

Maestro de la observación y del lenguaje, Twain dictó la mayor parte del contenido de su autobiografía desde la cama a una de sus secretarias, Miss Hobby, cuatro años antes de su muerte, en 1910, a los 74 años.

"Espero que esta autobiografía sea admirada muchos siglos después de mi muerte por su forma y método", afirmó el escritor en marzo de 1906, cuyo método consistía en dar rienda suelta a lo que le iba viniendo a la mente.

"Deambular libremente por toda la vida, hablar sólo de las cosas que te interesan y dejar de hablar de ellas en el momento en el que su interés palidezca", dijo Twain de su método autobiográfico, que lo llevaba a veces a levantarse de la cama haciendo aspavientos, mientras la taquígrafa tomaba nota de sus palabras.

Laura Trombley, historiadora y autora de un libro sobre los últimos y difíciles años de Twain, que vio morir a su hija pequeña, Jean Clemens, cuatro meses antes que él, dice que el escritor sabía cómo mantener el interés de los lectores.

Dura crítica de Twain, a quien describe como "narcisista, extremadamente ambicioso y muy vengativo", Trombley reconoce su talento: "El que cien años después de su muerte sigamos hablando de él es la mejor prueba de ello", explicó la historiadora a Efe.

El volumen autobiográfico es más político que el resto de obras de Twain y mezcla arrebatos de sinceridad, con otros de humor y muchos recuerdos de su infancia, que ejercieron una gran influencia en libros como "Huckleberry Finn".EFE/LIVDUCA